Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Martes, 25 junio 2019
Informe Especial


La ONU busca beneficiarse de la inteligencia artificial

Las innovaciones tecnológicas que lleva adelante la ONU incluyen inteligencia artificial (IA), aprendizaje automático, traducciones automáticas y robótica, entre otras. Pero estas pueden llegar a reducir puestos de trabajo y es necesario preparar a los jóvenes para el futuro mercado laboral.

La ONU (Organización de las Naciones Unidas) también ha experimentado con vehículos aéreos no tripulados (drones) ni armados en operaciones de paz porque “ayuda a mejorar el conocimiento de la situación y a fortalecer la capacidad de proteger civiles”.

En una reunión del Consejo Económico y Social y su Comité Económico y Social en 2018, un robot llamado Sophia participó en una sesión interactiva con la secretaria general adjunta Amina J. Mohammed.

Entre las innovaciones tecnológicas introducidas en el foro mundial y, en especial, en los servicios de conferencias electrónicas, se destaca el uso de eLUNa, una herramienta de traducción asistida por computadora diseñada específicamente para traducir documentos de la ONU.

El secretario general, António Guterres, señaló que el avance tecnológico se produce gracias a la combinación de la potencia informática, la robótica, los macrodatos y la IA, que generan revoluciones en la salud, el transporte y la manufactura en todo el mundo.

“Estoy convencido de que estas nuevas capacidades pueden ayudar a sacar de la pobreza a millones de personas, lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible y facilitar el salto de los países en desarrollo hacia un futuro mejor”, expresó Guterres.

Frente a directivos de unas 31 agencias de la ONU, en noviembre de 2018, Guterres identificó algunos de los desafíos de los avances tecnológicos, que separó en cuatro áreas distintas: IA, ciberespacio, biotecnología y el impacto de las aplicaciones tecnológicas en la paz y la seguridad “con el fin de identificar puntos de entrada específicos para la participación de la ONU y determinar áreas prioritarias en las que el sistema de la ONU puede agregar valor”.

Para conocer más de este asunto, IPS conversó con Christopher Fabian, asesor principal de la Oficina de Innovación Global del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), una de las agencias a la vanguardia en materia de IA sobre cómo utilizar este tipo de innovación con fines programáticos y operativos.

Siguiendo los “Principios de Desarrollo Digital”, la organización promueve aplicaciones y el desarrollo de aprendizaje automático e IA centradas en la equidad, ya sea a través de conjuntos de datos para capacitación justos y abiertos o mediantes discusiones sobre equidad algorítmica y pobreza de información, explicó.

Por ejemplo, Unicef desarrolla Magic Box (Caja mágica), una plataforma colaborativa que fue posible gracias a la participación de privados como Telefonica, Google, IBM, Amadeus y Red Hat, que compartieron sus datos y su experiencia por el bien común.

Al aprovechar los datos en tiempo real generados por el sector privado, Unicef puede lograr una comprensión fundamental de las necesidades de las poblaciones más vulnerables y tomar decisiones más informadas sobre cómo invertir sus recursos para responder a desastres, epidemias y otros problemas, precisó Fabian.

Además, a través de su Fondo de Innovación, el primer vehículo financiero de la ONU, colabora con innovadores de países donde está presente Unicef para construir y probar soluciones al ritmo necesario para acompañar la rápida evolución de los problemas que afectan a niñas y niños beneficiarios de la agencia.

El fondo, lanzado en 2016 con 17,9 millones de dólares, ofrece una financiación flexible para los innovadores que comienzan y permite que Unicef evalúa, financie y genere soluciones tecnológicas de código abierto con rapidez, las que podrían tener un impacto positivo en la vida de niños vulnerables, explicó Fabian.

IPS: ¿Cuáles son los aspectos positivos y negativos de la automatización? Y en particular en Unicef, ¿la eficiencia es el criterio clave?

CHRISTOPHER FABIAN: La IA puede ayudar a Unicef de varias maneras, desde algoritmos de aprendizaje profundo, que pueden aprender patrones subyacentes de imágenes satelitales para mapear cada escuela del mundo, a modelos de predicción que nos pueden ayudar a prevenir la propagación de enfermedades. Ese tipo de soluciones pueden contribuir a mejorar el alcance y la eficiencia de los programas en el terreno, así como optimizar la asignación de recursos escasos.

Pero los desafíos son muchos. Primero está la falta de capacitación de calidad. Los datos sobre las poblaciones más vulnerables suelen ser escasos y poco confiables. Como colectivo, tenemos que comenzar a destinar más recursos hacia la recolección de datos del terreno para validar los registros existentes y eliminar el sesgo de las bases de datos.

http://www.ipsnoticias.net/ Thalif Deen

 
Freelancers demandan un pago más justo y un mejor trato

Unos 800 periodistas han firmado una carta abierta en la que se exige poner fin a las prácticas de pago precarizantes e injustas que dañan los medios de vida de los freelancers. Lanzada por la periodista Anna Codrea-Rado el 5 de febrero pasado, aparece justo después de que se hayan eliminado cerca de 2.100 empleos en medios de comunicación, con despidos en BuzzFeed, The Huffington Post, VICE y el cierre en Reino Unido de la revista digital para mujeres The Pool.

"Es algo en lo había estado pensado durante algunos meses: la forma en que se paga a los profesionales independientes no tiene sentido y hace que el trabajo se vuelva bastante difícil", dice Codrea-Rado. "El cierre de The Pool aceleró mi decisión de escribir la carta, pues muchos periodistas, sobre todo los freelancers, se quedaron sin cobrar enormes facturas".

A medida que el staff de publicaciones impresas y digitales continúa disminuyendo, los freelancers se han convertido en un recurso cada vez más importante para el funcionamiento de los medios. Entre 2008 y 2017 los empleos en las redacciones de Estados Unidos disminuyeron en un 23%, mientras que se ha producido un aumento estimado de 3,7 millones de freelancers en todas las industrias desde 2014. En el Reino Unido, una encuesta de 2016 de la Oficina de Estadísticas Nacionales reveló que de las 84.000 personas que se identificaron como periodistas, 34.000 trabajaban por cuenta propia, en comparación con 18.000 en 2015.

"Creo que habrá cada vez más freelancers; será una mezcla de necesidad y elección”, dice Codrea-Rado, quien comenzó a trabajar independientemente después de haber sido despedida de VICE en 2017. En el futuro, ella cree que más profesionales independientes trabajarán juntos, formarán colectivos y lucharán por mejores derechos y reconocimiento.

Codrea-Rado no es la única avanzando hacia la acción colectiva. En numerosos países los freelancers están empezando a organizarse. A fines de enero, freelancers suecos llegaron a un acuerdo con varios periódicos importantes por un aumento de tasas. En Francia firmaron una carta abierta contra los pagos bajos y demorados el mismo día en que Codrea-Rado lanzó su llamado a la acción.

En su carta, Codrea-Rado Codrea-Rado presenta a los medios del Reino Unido tres posibles soluciones:

El fin de la política de "pago por publicación", por la cual los freelancers solo reciben su paga una vez que se publica su trabajo, a veces meses después de haberlo terminado. "Estamos pidiendo a los medios de comunicación que paguen la mitad de la tarifa al presentarse el artículo y el resto al completar las revisiones finales", se lee en la carta.

Respecto de los pagos demorados, si los medios no pagan al freelancer dentro del plazo legal de 30 días, según lo estipulado en la Ley de pagos atrasados de las deudas comerciales de 1998, la carta sugiere que haya consecuencias legales.

Una actualización de los sistemas de pago que sean inadecuados para manejar o procesar los pagos a los trabajadores independientes.

"Creo que todas las cuestiones que plantea la carta son realistas. Ese es el objetivo: ver si los medios las implementan", dice Codrea-Rado. Agrega que el próximo paso obvio sería involucrar directamente las publicaciones en la discusión.

"La campaña de Anna es muy necesaria y es de esperar que cambie este sistema injusto", dice la autora Amelia Tait. "Una de las cosas que más me sorprendió cuando me convertí en freelancer es que puedo ganar más dinero por mes que en mi último rol como editora. Sin embargo, de alguna manera, termino con menos dinero al mes”. Explica que ese es el resultado de esperar 60 o a veces 90 días para recibir un pago.

Angela Hui, freelancer desde que fue despedida dos veces en 2017, también firmó la carta. "Durante demasiado tiempo los freelancers hemos sido tratados como felpudos, lo que permite que los medios de comunicación nos pasen por encima pagándonos mal y poniendo excusas para no resolver pagos pendientes.

Hui trabajó para una compañía cuya política era pagar 45 días después de la publicación del artículo, pero aun así llegaba a esperar hasta tres meses para cobrar, y la compañía se negaba a cualquier tipo de compensación. Hui no tenía realmente otra opción que seguir trabajando con ellos. "No quería poner en peligro nuestra relación", cuenta. "Confiaba en ese dinero para pagar el alquiler, la comida y mi manutención general”.

Dentro de la industria altamente competitiva del periodismo, y en tiempos de escasez de efectivo, muchos freelancers no tienen capacidad de negociar o rechazar condiciones injustas de trabajo y de paga. Para los trabajadores independientes como Codrea-Rado y quienes firmaron la carta, la acción colectiva ofrece una alternativa que podría hacer que los medios de comunicación se hagan responsables del poder que tienen sobre los profesionales que se ganan la vida trabajando para ellos.

Cristiana Bedei/ijnet.org/es

 
Cerca de las estrellas

El hombre, que nunca tuvo alas salvo las que le produjo su imaginación, al amparo precisamente de ella: “QUISO VOLAR”. ¿Y qué es lo que consiguió?: efectivamente, consiguió mucho, mucho, pero generalmente todo cuanto consiguió lo hizo pensando en sí mismo más que en los demás; de ahí que las “mejores” (es un decir) máquinas y herramientas, siempre fuesen para dedicarlas a la guerra, mejor dicho, como armas para obtener un dominio mucho más perfecto, sobre otros hombres para que éstos, pasasen a su servicio y a ser posible con exclusividad. La última de ella es los ordenadores y “la ordenadomanía”, que más que ayudar al hombre, lo ha esclavizado y convertido en una marioneta que dirige el poder como le da la gana.

Por ello, ese hombre y en general sólo progresa o ha progresado, en una sola línea, o sea, la exclusivamente material. Ha olvidado lo que de espiritual tiene el hombre y salvo excepciones muy contadas, el hombre ha sido dominado siempre por sus miedos, que son los que siempre le han impulsado a “atesorar excesivamente”, pues una cosa es guardar para las épocas en que se pueda necesitar, cosa que hacen las hormigas y las abejas, junto con otra infinidad de animales: y otra cosa muy diferente y perniciosa, la que suelen hacer muchos hombres,  atesorar de forma excesiva y lo que produce una penuria y miseria, de la que ya nos habla el sabio Pitágoras con su  consejo siguiente.

“No aspiréis jamás a la vanidad de ser ricos; contribuiríais a que hubiese más pobres”.

¿Pero por qué ocurre ello y con tanta profusión a lo largo de toda la Historia que conocemos del hombre y sus civilizaciones? Pienso sinceramente, que por cuanto ese hombre siempre ha estado sólo y generalmente desvalido. Es por lo que debió pensar que en éste mundo era la fuerza lo principal y junto con ella o para dominar a la misma, era necesario el poder y en forma de dinero, tal y como hoy lo conocemos o como en otras épocas existió (oro, plata, piedras preciosas, ganado, sal, etc.): así se garantizaba una más cómoda y segura vida, si sabía mantener los resortes de ese poder, el que astutamente supo compartir con los elementos cercanos, que podrían hacerle “sombra”, o incluso arrebatarle ese poder y bienestar antes mentados, el que de hecho le era arrebatado muchas veces y en base a la misma fuerza que él emplease.

Para conseguir ello, tuvo primero que compartir poder y dinero con los elementos fuertes de su entorno (clan, tribu, pueblo) y en detrimento de una mayoría dominada o sojuzgada por el tal (jefe, rey, caudillo) y es claro que igualmente tuvo que pactar  con él (o los) miembros destacados y que por sus artes o “astucias”, decían estar y tener comunicación con los dioses o la deidad suprema; y es claro que a este o éstos elementos, tuvo que dotarles de bienes suficientes y un status al nivel que requiere aquel que es o se considera, como...  “el enlace entre el hombre de esta tierra y los dioses del cielo o firmamento”.

En resumidas cuentas, que entre los miedos de unos y las ignorancias de otros, es como siempre se ha mantenido el poder, puesto que el hombre o mujer, siempre han estado (y están) condicionados por esos miedos, que son muchos y variados y que sólo conocen (si es que los saben detectar) los propios individuos que los sufren. En el caso que hoy comento, o sea en el miedo a la impotencia de sobrevivir o subsistir, más o menos dignamente, el miedo que produce, se puede definir de la siguiente manera:

“El miedo a no conseguir lo que se cree será necesario y suficiente a lo largo de la vida y una vez conseguido ello, el miedo a perder lo que ya se tiene conquistado”.

Son, bajo mi particular apreciación, los dos miedos cruciales y que padece cualquier ser humano, lo sepa o no, pero pienso sinceramente que son instintivos.

Y si he hablado de ese poder del que se cree “enviado de los dioses”, es por cuanto el ser humano y por rudimentario o inculto que sea, tiene temores y miedos a lo que sin entenderlo valora como superior a su propio ser, o sea el misterio de la divinidad (Dios, dioses, genios, espíritus, etc.) y en los que ha creído siempre, puesto que no se encuentra ningún pueblo o grupo humano, por salvaje que se le considere, que no tenga sus creencias religiosas, más o menos desarrolladas y en todas ellas existe “el eslabón”, que autorizado por “los dioses”, es quien pide bienes, dones, perdona faltas y pecados y concierta pactos, entre los hombres y las divinidades inferiores o el superior Creador. Y es claro que de ello ha vivido y sigue viviendo hoy mismo.

Si analizamos el mundo que nos rodea hoy que estamos a las puertas del denominado “tercer milenio”; y nos trasladamos con la imaginación, hacia cualquier tiempo pasado donde el hombre se debatió con “sus miedos”, veremos que poco ha cambiado ese hombre y “sus miedos”; tampoco lo ha hecho en su fiereza y brutalidad, pues si bien existe “una especie de barniz”, que aparentemente lo protege (nos protege, puesto que entramos todos) llegados momentos decisivos de “otros miedos o pánicos”, la fiera que bulle dentro sale con la máxima fuerza destructiva y ocurren los hechos, que todos hemos visto muy recientemente en los actos execrables producidos en esas luchas intestinas de los países balcánicos[1] y otros muchos que en la actualidad o bastante recientemente, ocurre o han ocurrido y donde se demuestra la terrible definición de que:  “el hombre sigue siendo el lobo para el propio hombre, que ni el lobo lo es para su propia especie”.

Necesario (pues) nuevas enseñanzas, nuevas leyes justas y que sean aplicadas a niveles internacionales y en definitiva, ir preparando a las nuevas generaciones, para que precisamente sean eso mismo... “nuevas y mejores”.

Antonio García Fuentes (Escritor y Filósofo)

www.jaen-ciudad.es

 
Balas contra cacerolas: protesta popular es reprimida en Venezuela

CARACAS.-Las protestas contra la permanencia de Nicolás Maduro en la presidencia de Venezuela, los 10 últimos días de enero y bajo el ruido de cacerolas vacías en barriadas populares, se saldaron con un alto costo humano: más de 40 muertos, decenas de heridos y unos mil detenidos, entre ellos 100 mujeres y 90 menores de 18 años.

En Catia, populoso sector obrero del oeste de Caracas, varios jóvenes murieron abaleados en las noches del 21 al 25 del mes pasado, mientras comandos de la Policía Nacional y la militar Guardia Nacional derruían barricadas improvisadas con basuras y con su presencia acallaban la protesta.

“Lo lograron. Los vecinos dicen que en las calles donde cayeron varios de esos muchachos ya impera el silencio y la soledad desde las seis de la tarde. Los cacerolazos no han regresado”, relató a IPS el sociólogo Rafael Uzcátegui, coordinador de la organización Provea, que lleva décadas registrando las violaciones a los derechos humanos en el país.

Estas protestas tienen dos elementos especiales: se producen en barrios y sectores que hasta hace poco engrosaban la base social del gobierno y reflejan una ira en pobladores de los sectores más vulnerables ante el desplome socioeconómico venezolano, que convierte sus movilizaciones en “minicaracazos”, por recordar las violentas protestas de febrero de 1989, que se saldaron con centenares de muertos.

Además, han quedado sumergidas dentro de la crisis institucional que vive el país desde enero y que han puesto a Venezuela como protagonista en la geopolítica mundial, con un pugilato  que se dirime también entre los gobiernos de Estados Unidos y otros países americanos y europeos, por un lado, y China, Rusia o Turquía, por otro.

Maduro (56), quien gobernó el sexenio 2013-2019, juró el 10 de enero para un segundo período, tras ganar una elección en mayo de 2018, desconocida por el parlamento y la mayor parte de la oposición y de los gobiernos de América y Europa.

La elección fue convocada fuera de lapsos legales por una Asamblea Nacional Constituyente integrada solo por adeptos al gobierno, el árbitro electoral proscribió a los principales partidos y dirigentes opositores, y una nube de irregularidades envolvió la campaña y el acto mismo del sufragio, según denuncias de organizaciones locales e internacionales.

Por ello, la legislativa Aamblea Nacional, de mayoría opositora, desconoció la investidura de Maduro y el diputado que dirige el parlamento, Juan Guaidó (35), asumió el 23 de enero la condición de presidente encargado, ante una multitud en Caracas y mientras masivas concentraciones y marchas opositoras recorrían otras 50 ciudades.

Desde el día 21, cuando 27 guardias nacionales se amotinaron en un cuartel en el barrio de Cotiza, el norte de Caracas, desconociendo a Maduro, estallaron cacerolazos, y grupos de vecinos en barriadas populares de la capital y el interior improvisaron barricadas contra las que actuaron fuerzas de uniformados y grupos civiles irregulares de simpatizantes del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

En varias ciudades del interior hubo saqueos o conatos de saqueo contra algunos comercios.

La represión entre los días 21 y 25 de enero dejó 35 personas muertas, decenas de heridos, por balas o perdigones (balines plásticos), y 850 detenidos.

“Solo el día 23 hubo 696 detenidos, la mayor cantidad en una sola jornada de protestas en 20 años”, dijo a IPS el abogado Alfredo Romero, director del Foro Penal, una organización que sigue especialmente el tema de los detenidos por razones políticas o sociales.

El Foro contabilizó 12.480 detenciones arbitrarias desde febrero de 2014 –año de las primeras protestas multitudinarias contra Maduro- hasta octubre de 2018, calificando a 1.551 personas como presos políticos, de los que aún quedaban 236 cuando produjo su informe. Pocos fueron liberados y la lista se engrosa con los detenidos este año.

Desde que Maduro llegó al poder en 2013, Provea y otras organizaciones humanitarias han contabilizado que murieron en el marco de protestas callejeras al menos 250 personas, incluyendo enero de este año.

Romero destaca que el Estado aplica una “puerta giratoria”: cuando salen de la cárcel detenidos por razones políticas, generalmente bajo libertad condicionada, entonces entra otro grupo arrestado por razones similares.

Este enero “la orden que recibieron las fuerzas de seguridad fue detener a quienes protestaban. Es claro que el gobierno decidió asumir el costo de parar la protesta en los sectores populares, que en el pasado respondían al chavismo y se han volteado en su contra”, aseguró.

El chavismo es la fuerza política desarrollada por Hugo Chávez, quien presidió el país entre 1999 y su fallecimiento en 2013.

Durante dos décadas fue dominante en los sectores populares urbanos que ahora se han volteado en forma creciente contra Maduro, exasperados por la carestía de los alimentos, el desplome de servicios como agua, electricidad, salud y transporte, y la escasez cada vez más aguda de medicinas o gas para cocinar.

Rupert Colville, portavoz de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, dijo en Ginebra el 29 de enero que “algo más de 40 personas han resultado muertas” y de ellas “al menos 26 murieron supuestamente por disparos de las fuerzas de seguridad o de los grupos armados progobierno durante las manifestaciones”.

Provea sostiene que al menos ocho personas murieron en ejecuciones extrajudiciales en Caracas y dos ciudades de provincia cuando entraron a sus casas efectivos del grupo élite FAES (Fuerza de Acciones Especiales) de la Policía Nacional.

“El FAES es un cuerpo con entrenamiento para acción letal, contra extorsión o secuestros, y no para manejar situaciones de orden público. Sus códigos y armamento, de alta letalidad, no guardan proporción con los cánones de uso proporcional y escalonado de la fuerza aplicables en situaciones de protesta popular”, advirtió Uzcátegui.

Las detenciones, que incluyeron a 100 mujeres y al menos 90 niños, niñas y adolescentes, “se han hecho a modo de razias indiscriminadas, abonando el propósito de sembrar el miedo para desalentar la protesta”, opinó Romero.

Uno de esos casos es el de Jickson Rodríguez, de 14 años, paciente epiléptico tras un viejo trauma craneoencefálico.

Tocaba cacerolas con amiguitos cerca de la barbería que opera su familia, la noche del 22 al 23 de enero en Villa Bahía, en Puerto Ordaz, urbe industrial a orillas del Orinoco, 500 kilómetros al sureste de Caracas, cuando unidades de la Guardia Nacional lo capturaron junto a otras seis personas y lo llevaron a un cuartelillo que cuida una planta siderúrgica.

“Como yo no lloraba, a mí era al que daban más golpes. Le dije a los guardias ‘¿por qué nos dan golpes si ya estamos presos?’ y me dieron una cachetada (bofetada). Me daban cocotazos (golpes en la cabeza). Les decía ‘no, yo no puedo recibir cocotazos, sufro epilepsia, y me dijeron: ‘¡cállate, que tú eres un detenido!”, narró días después a familiares y periodistas.

“Lo encontré, esposado, después de buscarlo por varios sitios de reclusión la tarde del día siguiente. Fue golpeado en la planta de los pies, para que no le quedaran marcas. Convulsionó mientras estuvo detenido y por eso me lo entregaron dos días después”, dijo a IPS su madre Rosmelys Guilarte (39), una peluquera que tiene además tres niñas.

Al chico “lo acusaron en la policía judicial de participar en un saqueo que hubo a kilómetros de donde estábamos sonando cacerolas esa noche. Algo imposible. Tiene orden de presentarse a la autoridad cada 30 días. Trato de que descanse bastante, está muy afectado”, agregó desde su localidad.

Para Uzcátegui “la estrategia del gobierno tiene tres componentes: la represión ante el descontento mayoritario de la población, apostar a que el actual conflicto político se desgaste y tratar de invisibilizar la crisis actuando sobre medios de comunicación y periodistas”.

Humberto Márquez/ipsnoticias.net

 
Filantropía y periodismo

La base informativa de la democracia, sus normas y sus mecanismos de funcionamiento están en peligro por una tormenta que arrasa todo a su paso. El entorno mediático actual no es positivo para nadie en la sociedad civil, incluidas las organizaciones filantrópicas y cualquiera cuyo objetivo sea el bien común. Los acontecimientos políticos y sociales que se han producido en el planeta en los dos últimos años han sacudido nuestro mundo. Como alegan Bruce Sievers y Patrice Schneider, “una amenaza existencial para la democracia”.

Si hubiese escrito estas líneas hace solamente dos años, los argumentos que voy a utilizar habrían sido distintos, pero el contexto ha cambiado. Pensemos en los obstáculos a los que se tienen que enfrentar hoy tanto el periodismo como la filantropía: existen miles de páginas web que difunden constantemente desinformación, y cuentas automatizadas —los denominados bots— que están programadas para difundir noticias falsas a una escala nunca antes conocida. Se han dañado procesos políticos como el referéndum sobre el acuerdo de paz en Colombia y las elecciones en Holanda, Francia y Estados Unidos. Y la manipulación de los medios está contribuyendo a reducir el espacio democrático en Europa del Este, impulsar a la extrema derecha en Alemania y alimentar conflictos en Siria, Yemen, Myanmar y Turquía, además de sobresaltos como el Brexit y la crisis constitucional/proceso independentista de Cataluña en España.

Todos estos procesos has estado muy influidos por el hecho de que la ciberpolítica actúa de forma instantánea, con metodologías que incluyen el social listening, el proceso de analizar las conversaciones digitales para entender lo que está diciendo la gente sobre un tema determinado a tiempo real.

Por desgracia, ni la filantropía ni los medios de comunicación están listos o capacitados para combatir unas herramientas tan sofisticadas. Por lo menos, no todavía.

¿Por qué están aún tan alejados los mundos de la filantropía y los medios de comunicación? ¿Qué podemos y debemos hacer para acercarlos y hacer realidad la promesa de una relación recíproca? En este artículo examino el espacio en el que se encuentran estos dos mundos y qué sucede a consecuencia de ese encuentro. Mi tesis es que, hoy más que nunca, la filantropía y los medios de comunicación no solo necesitan tener una colaboración más eficaz, sino que se necesitan mutuamente para cumplir sus respectivas misiones.

La filantropía y los medios de comunicación siempre han sido conceptos muy claros. Filantropía es, en términos generales, la promoción del bienestar de otros mediante el uso de dinero para causas de interés público. Los medios son los métodos principales de comunicarse con el público, sobre todo, para la transmisión de noticias e información.

Sin embargo, en la actualidad, tanto la definición de filantropía como la de medios de comunicación son más maleables. Por ejemplo, la compra de The Washington Post por parte del fundador de Amazon, Jeff Bezos, ¿es una muestra de filantropía? La mayoría de la gente diría que por supuesto que no. Sin embargo, Bezos impidió que el periódico desapareciera. El hecho de que Laurene Powell Jobs y su organización, Emerson Collective, hayan adquirido una participación mayoritaria en The Atlantic, ¿es una muestra de filantropía? Ellos dicen que sí.

Por su parte, el periodismo tiene hoy muchos rostros diferentes y lo ejercen muchos tipos distintos de organizaciones. Pensemos en el periodismo constructivo, tal como lo define Ulrik Haagerup, de The Constructive Institute, y en el periodismo de soluciones que ofrecen Tina Rosenberg y David Bornstein en su columna de The New York Times “Fixes”; pensemos en el periodismo como servicio público y comunitario tal como lo definen Jeff Jarvis y otros en la City University de Nueva York (CUNY). El suministro de noticias e información tiene, más que nunca, el propósito de mejorar la vida de las audiencias a los que está dirigido. Pero no es ninguna novedad. Ralph Waldo Emerson, cofundador de The Atlantic hace 160 años, estableció que la misión de la publicación era “contribuir a la igualdad de todas las personas”, un ideal mencionado por Powell Jobs en el momento de comprar la revista The Atlantic.

¿Por qué no vimos lo que se avecinaba y no estábamos preparados? ¿Deberían haber cambiado más deprisa tanto las prioridades de los filántropos y sus fundaciones como la conversación y el discurso públicos inspirados por los medios, para responder a los grandes cambios en el panorama político?

La filantropía está reaccionando... poco a poco

En Estados Unidos, por ejemplo, el Prototype Fund que lanzó la Fundación Knight, la News Integrity Initiative (Iniciativa para la integridad de las noticias), financiado por Facebook y organizado por CUNY, está reanimando el gusto por la cultura mediática (media literacy) y dando nuevo impulso a las iniciativas dedicadas a comprobar la veracidad de las informaciones publicadas (fact-checking). Varias organizaciones filantrópicas con sede en Estados Unidos, Ford, Hewlett a través de la Iniciativa Madison, y sobre todo Open Society Foundation están tratando de mitigar los efectos de la desinformación y la propaganda.

En Europa, las instituciones europeas y algunos Gobiernos, sobre todo Alemania, han dado una respuesta. Ya están funcionando varios programas, a los que contribuyen de forma importante fundaciones europeas como ZEIT Stiftung y Fritt Ord. También se han anunciado otras iniciativas prometedoras como el Fondo para la Democracia y la Solidaridad en Europa, pero todavía no están plenamente operativos.

La verdad es que los últimos vuelcos vividos en el mundo no solo han puesto de relieve hasta qué punto las organizaciones filantrópicas estaban poco preparadas, cómo se han limitado a reaccionar y lo poco que sabíamos de los escenarios posibles, sino que también han sorprendido al periodismo. Ni los filántropos ni los periodistas tuvimos la curiosidad suficiente.

¿Qué debe hacer la filantropía?

Como subraya James Deane, director de investigación de la BBC Media Action, los filántropos “se han dado cuenta de repente de lo importantes que son los medios independientes y lo mucho que se han debilitado las democracias por culpa de la información falsa y la desinformación”. La financiación filantrópica de los medios de comunicación debe abordar un problema fundamental para superar la amenaza actual más inmediata, el declive de los medios cívicos y el subsiguiente deterioro del discurso público como condición necesaria para que la sociedad civil funcione.

La filantropía ha hecho posible que existan numerosas organizaciones independientes de medios de comunicación en lugares en los que es difícil hacer llegar información veraz a los ciudadanos, como MalaysiaKini en Malasia, la mayor parte de las organizaciones dedicadas al periodismo de investigación sin ánimo de lucro en todo el mundo, como IDL-Reporteros en Perú, e incluso las organizaciones que han coordinado la investigación sobre los Papeles de Panamá, entre otras muchas. Estas son algunas de las aportaciones más importantes que ha hecho la filantropía institucional.

Ahora bien, las organizaciones filantrópicas se enfrentan a muchos problemas e intentan abarcar demasiado. Existen muchas necesidades sociales urgentes, además de afrontar la pérdida de confianza y el aumento de la desinformación. Por ejemplo, las fundaciones tienen un papel importante a la hora de financiar medios que mantengan y profundicen la información sobre causas concretas como el cambio climático, la resiliencia y la urbanización, la salud y la ayuda humanitaria, entre otras muchas.

En el caso de España, es una organización americana y no una local, la que apoya el esfuerzo de este medio de comunicación, con Planeta Futuro, en mantener informada a sus audiencias sobre las necesidades a las que se enfrenta el mundo para acabar con la pobreza y la desigualdad.

Pero las fundaciones tienen que desarrollar estrategias de financiación más cohesionadas. Las organizaciones filantrópicas “tienen filosofías, visiones del mundo, marcos de resultados diferentes, a veces contrapuestos, y un extraordinario grado de incoherencia y de afición a seguir modas”. Es una acusación razonable: la filantropía no se ha organizado con la coherencia y la velocidad necesarias para afrontar los grandes problemas antes mencionados. Se han hecho numerosos esfuerzos, pero queda mucho por hacer. Entre otras cosas, varias de las principales organizaciones filantrópicas se han organizado en grupos con arreglo a distintas afinidades y en función de una causa o una zona geográfica concreta; por ejemplo, iniciativas como Media Impact Funders en Estados Unidos y Journalism Funders Forum en Europa.

En los medios, el artículo es la mercancía y la ‘confianza’ es la moneda de cambio

Si la filantropía, en sus mejores momentos, está en primera línea de la búsqueda de la justicia social, los medios de comunicación, en su mejor versión, encabezan la lucha para detener los abusos más graves. Y, como mínimo, tienen la capacidad de definir la conversación y establecer prioridades.

Anya Schiffrin, de la Universidad de Columbia, explica mejor que nadie que “los periodistas llevan más de cien años llamando la atención sobre los problemas más graves”. Lo que han escrito ha tenido una repercusión importante, y siempre ha existido una oleada de “periodismo comprometido y activista” cuando “un clima general de fermento intelectual y activismo político” lo reclamaba.

Sin embargo, los medios han sufrido una transformación masiva en la última década, debido a tres tendencias muy claras. En primer lugar, la revolución tecnológica nos ha hecho poner en duda la mayoría de nuestras ideas sobre lo que es un sistema de medios de comunicación, cómo se crea, qué hace y con qué propósito. Por si fuera poco, está en marcha una nueva perturbación, todavía mayor, como consecuencia de la robótica, la inteligencia artificial, la inteligencia artificial cognitiva y los big data o datos a gran escala. La víctima más visible de esta transformación es el modelo de financiación. En el sector, muchos han llegado a la conclusión de que no tienen más remedio que recurrir al clickbait, al sensacionalismo, para lograr el dinero de la publicidad, pero el dinero de la publicidad no siempre está presente.

En segundo lugar, y más importante, el sector de los medios de comunicación, en el intento de garantizar su supervivencia, ha perdido el rumbo. La realidad hizo que la supervivencia fuera más importante que la misión de proporcionar un servicio a la sociedad. “La industria de la información ha dejado de existir”, se lamenta Emily Bell en un informe sobre el periodismo postindustrial publicado por el Tow Centre for Digital Journalism de la Universidad de Columbia.

Quizá el declive no sea para tanto, pero todo el mundo está bastante de acuerdo en que la perturbación continua del sector de los medios de comunicación ha producido al declive del periodismo de interés público y, en concreto, las noticias e informaciones sobre cuestiones de las que, en el mejor de los casos, no se hablaba lo suficiente, y sobre las que rara vez se informaba de manera habitual o en profundidad.

La tercera crisis de los medios es su pérdida de credibilidad. Una encuesta realizada en 2017 para el Reuters Institute Digital News Project muestra que en Europa la confianza en los medios de comunicación cae año tras año. Por su parte, el informe anual sobre la confianza que elabora Edelman muestra la pérdida de confianza de la población en las instituciones de Gobierno, las empresas los medios y las ONG en todo el mundo, y la mayor caída es la de los medios.

Pero no todo el mundo es pesimista. Barbara Hans, directora de Spiegel Online, por ejemplo, ha repetido que los medios tienen una verdadera oportunidad de “recuperar su auténtica función en la sociedad y su papel crucial en la democracia”.

¿En qué se basa esta visión optimista? Por mucho que los medios estén en una situación complicada, lo que no ha desaparecido es la autoridad y la influencia que ejercen. Muchos están de acuerdo en que los medios de comunicación contribuyen todavía de manera fundamental a establecer la agenda de lo que es importante para la sociedad. Señalan lo que es importante para la gente y a qué debe prestar atención, y es un mecanismo que hace que los gobernantes se sientan obligados a reaccionar para mantener su legitimidad.

Ha llegado la hora de prestar más atención a las audiencias y al impacto

Hace unos años, la mera idea de analizar el impacto del periodismo incomodaba tanto a las organizaciones filantrópicas como a los medios. Hoy, ambos están mucho más acostumbrados a intentar averiguar lo que funciona y lo que no. De hecho, la labor más interesante que se hace en este ámbito es la de los propios medios. Si las organizaciones filantrópicas tienen la responsabilidad de utilizar de la forma más eficaz y rentable cada dólar donado, los medios saben que de su capacidad de comprender si está informando, capturando a un público cada vez mayor y provocando cambios reales en el mundo, puede depender su propia supervivencia.

Medir las audiencias de una información periodística a base de contar las visitas a una página y el número de usuarios únicos es necesario pero no suficiente. Por ejemplo, Anjanette Delgado, directora digital y responsable de audiencias de lohud.com y pougheepsiejournal.com, dos sitios del mayor editor de medios de comunicación de Estados Unidos, Gannett, ha contado cómo quisieron saber más en su periódico de Westchester County: “¿Qué pasaba cuando empezamos a hacer preguntas sobre una noticia? ¿Después de que publicáramos esa noticia? ¿Cuándo un responsable político o una masa de gente veían esa noticia? ¿Conseguimos provocar una modificación legal, una donación, una citación o el despido de un empleado que había cometido un delito? ¿La familia que había perdido hace años la condecoración de su padre, el Purple Heart, consiguió encontrarla, con ayuda de la gente? ¿Logramos que algo cambiara?”

Estas preguntas de calado son la base del papel que debe desempeñar el periodismo. Para los padres de Texas preocupados por qué colegio escoger para sus hijos, The Texas Tribune ha desarrollado un motor de búsqueda que les permite investigar y comparar los distritos escolares y las escuelas públicas del estado. En Kenia, gracias a la visión de futuro del director de The Star y la labor de Code for Africa, el periódico ofrece a sus lectores la oportunidad de comprobar si sus médicos tienen todos los títulos que aseguran tener.

El periodismo es importante, pero lo que se pregunta la filantropía es: ¿qué periodismo es el más importante? Como consumidores de información, tenemos acceso a más y mejor contenido del que podemos digerir en varias vidas; el problema que tienen los medios es cómo informar, cautivar y seleccionar a los públicos apropiados para influir en ellos.

Los medios necesitan un propósito que les obligue a transformarse. Con una urgencia paralela a su crisis, pero completamente relacionada, los medios necesitan buscar un nuevo sentido, un servicio, convertirse en servidores útiles para la sociedad.

El periodismo se ejerce hoy de muchas maneras, pero también nacen nuevos modelos, como The Conversation, que en estos momentos está enfrentándose al desafío de encontrar filántropos dispuestos a apoyar el lanzamiento en España, proporciona informaciones fiables y trabaja con académicos, científicos e investigadores basándose en el argumento de que, así como el agua potable es vital para la salud, una información limpia es esencial para la salud de la democracia, o el centro de investigación ProPublica en EEUU y proyectos de colaboración masivos como el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, entre muchas otras variantes. Sin embargo, los objetivos son siempre los mismos: repercutir de manera positiva en las sociedades a las que sirven.

El “periodismo comprometido y activista” forma parte ya de la dieta informativa de todo el mundo, y la mayoría de las veces es imposible de distinguir de otras definiciones más tradicionales de periodismo. El empeño en lograr apoyo público a determinadas causas forma parte del ADN de muchos medios, igual que ejercer un periodismo que “tenga consecuencias en el mundo real” es parte fundamental de la misión de ProPublica.

La filantropía no es la solución a la sostenibilidad

Creer que la filantropía es la solución para la sostenibilidad es caer en una trampa. Ni lo es ni debe serlo. Sin embargo, como indica el periodista Gustavo Gorriti, “existe una gran disparidad entre el consenso sobre la importancia de un periodismo de investigación libre para la salud de la democracia y el mínimo porcentaje de fondos filantrópicos asignados para apoyarlo”.

Si observamos el volumen y la distribución de la filantropía en el mundo, es fácil llegar a la conclusión de que, en efecto, existe esa disparidad.

El capital de riesgo tampoco invierte en los medios; en África, menos del 7% del capital de riesgo se dedica a sostener los medios de comunicación, y la financiación y la expansión geográfica de nuevos medios como BuzzFeed, Vox, Upworthy y Business Insider se han frenado mucho. Los medios no están todavía ni siquiera en el radar de sectores enteros de la filantropía, mucho menos en España, como las inversiones sociales y las inversiones de impacto, con algunas excepciones notables.

Hay varias preocupaciones estructurales en las relaciones entre los medios de comunicación y la filantropía. Los filántropos se encuentran con observaciones intrigantes: Gustavo Gorriti, que ha recibido considerable ayuda de organizaciones filantrópicas a lo largo de los años, dice que “existe hoy cierto grado de despotismo ilustrado en nuestra relación con las fundaciones...”. Tom Rosentiel, como muchos otros, establece desde el American Press Institute unas directrices éticas: “... adhesión a la independencia editorial, transparencia y clara comunicación en la explicación de sus motivos para financiar el periodismo”.

Como muchos otros, en la Fundación Bill & Melinda Gates nos regimos por los principios que guían nuestra financiación de los medios: transparencia, respeto a la independencia editorial y creativa de los receptores de nuestras ayudas y respeto mutuo por la integridad editorial del contenido. Eso quiere decir que las informaciones se publican en función de sus virtudes editoriales, que deben estar basadas en la evidencia y que deben tener valor para los públicos a los que se dirigen.

No obstante, también debemos aspirar a señalar lo que debemos hacer para colaborar mejor en la solución de los problemas de las sociedades: buscar alianzas para alcanzar objetivos, cumplir misiones y hacer realidad los compromisos comunes. Todos tenemos retos que afrontar.

Los medios deben acoger el cambio, asumir sus obligaciones y ayudar a provocar un cambio social. Deben ser mejores a la hora de mostrar su valor y probar por qué son importantes. En la colaboración con las organizaciones filantrópicas, debe haber un acuerdo sobre cual es misión común, no solo una forma de tener más ingresos, porque, en caso contrario, la asociación no funcionará. Por su parte, las organizaciones filantrópicas deben dar un paso adelante y comprender que, en primer lugar, sin unos medios activos y de calidad, la sociedad civil se derrumba; y en segundo lugar, los objetivos a los que aspiramos son más fáciles de alcanzar si colaboramos con los medios de comunicación.

No todos los medios de comunicación son merecedores de ayuda filantrópica, ni tampoco todas las causas filantrópicas son merecedoras del apoyo y atención de los medios de comunicación. Hemos de ser rigurosos y disciplinados.

Por encima de todo, necesitamos recordarnos a nosotros mismos todos los momentos en los que el periodismo ha demostrado que era importante. Releer Global Muckraking: 100 years of investigative reporting from around the world o Democracy’s Detectives: the economics of investigative journalism sería un buen punto de partida. Los medios de comunicación y las organizaciones filantrópicas debemos responder a los retos que nos aguardan. Estamos en un momento crítico. Tener espíritu inquisitivo no es una opción, es una necesidad.

Miguel Castro. El País (España)

 
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Créditos: Eylen Jalilíe