Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Viernes, 23 junio 2017
Informe Especial
Las noticias falsas no son periodismo

El periodismo desempeña un papel esencial para la sociedad: llevar al público noticias confiables y darle información verificada para que pueda formarse una opinión propia. Cada día, las noticias nos brindan una base para el diálogo y el debate y nos permiten tomar decisiones informadas sobre los asuntos que nos afectan. Este proceso contribuye a forjar nuestra identidad, nos ayuda a entender el mundo y contribuye a generar cambios significativos para construir un futuro mejor.

Sin embargo, en la actualidad quienes producen noticias hacen frente a varios desafíos. Las noticias confeccionadas a partir de una investigación rigurosa y con datos verificados compiten contra contenidos compartidos en redes sociales que a menudo están muy lejos de apegarse a estándares periodísticos de calidad. Es en las redes sociales donde más vemos que el número de clics y la supuesta primicia predominan sobre las noticias y los comentarios debidamente verificados. Todo ello complica todavía más la defensa de la libertad de prensa, la cual continúa siendo reprimida injustificadamente en varios lugares del mundo.

En estas circunstancias, ¿en quién recae la responsabilidad de asegurar que no se sofoque el debate basado en hechos verificados?, ¿quién debe fomentar el potencial de los medios para construir un mejor futuro para todos?, y ¿cómo podemos proteger los derechos fundamentales a la libertad de expresión y la libertad de información, condiciones ambas indispensables para el periodismo libre e independiente?

La respuesta está en vernos a nosotros mismos como agentes de cambio, ya sea como representantes de gobierno, miembros de la sociedad civil, empresarios, académicos o miembros de la profesión periodística. A cada uno nos incumbe desempeñar un papel, ya que compartimos el interés de preservar la libertad de prensa, que facilita nuestra capacidad de buscar, recibir y transmitir información.

Lo que acontece a los periodistas y al periodismo en cada sociedad refleja el respeto de ésta por los derechos fundamentales a la libertad de expresión y de información. Cuando un periodista es amenazado, hostigado o asesinado, la sociedad entera sufre las consecuencias. De la misma manera, cada uno de nosotros se ve perjudicado cuando la censura o la injerencia política coartan la libertad de prensa, o cuando la contaminan la manipulación y los contenidos falsos. Cuando se altera la libre circulación de información se corre el riesgo de que la desinformación impida a las comunidades tomar decisiones con conocimiento de causa.

En este contexto, en 2017 el Día Mundial de la Libertad de Prensa lleva por tema: Mentes críticas para tiempos críticos: El papel de los medios para el avance de sociedades más pacíficas, justas e inclusivas. El tema está relacionado con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un plan ambicioso de quince años que compromete a los Estados Miembros de las Naciones Unidas y a sus organismos especializados a trabajar por la prosperidad, la paz y el desarrollo a nivel mundial. El papel del periodismo es central para alcanzar el Objetivo 16 de la Agenda, que aspira a facilitar el acceso a la justicia para todos y a crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas.

El periodismo libre e independiente refuerza la democracia, la justicia y el Estado de Derecho. El periodismo es también necesario para combatir la desigualdad económica, hacer frente al cambio climático y promover los derechos de la mujer. No obstante, sin audiencias que reclamen narrativas bien investigadas el periodismo crítico estará cada vez más marginalizado. Cada ciudadano tiene capacidad para influir en la calidad del ambiente informativo que lo rodea. Las noticias falsas seguirán reproduciéndose si consideramos que una noticia es noticia sólo porque lo parece. La ausencia de pensamiento crítico únicamente acelera su propagación. A través de la alfabetización mediática e informacional se pueden crear defensas para combatir este fenómeno en cada individuo.

Este Día Mundial de la Libertad de Prensa recordemos que el periodismo basado en hechos verificados es la luz que ilumina el camino hacia un futuro mejor en el que comunidades bien informadas trabajen de consuno, conscientes de la responsabilidad que tienen hacia ellas mismas y hacia el mundo en el que conviven con las demás.

http://elpais.com

Irina Bokova

 
Las raíces periodísticas de Gabriel García Márquez

“El periodismo le agudizó a García Márquez el uso de los sentidos que luego encontramos en su literatura”. Así resume Ariel Castillo, filólogo y experto en la obra de Gabo, la relación que el autor mantuvo entre el periodismo y sus obras de ficción.

La charla de Castillo fue el abrebocas de la Beca Gabriel García Márquez de periodismo cultural, que tiene lugar en Cartagena, Barranquilla y Aracataca entre el 26 de abril y el 3 de mayo. Durante esos ocho días, 15 periodistas exploran la relación entre periodismo y ficción tomando como mapa Cien años de soledad.

Durante su presentación en Cartagena, Castillo trazó un exhaustivo mural de las raíces periodísticas de Cien años de soledad, a partir de un recorrido bio-bibliográfico de García Márquez y en particular lo sembrado desde la primera etapa en los llamados “Textos costeños”. Explicó cómo entre 1948 y 1952 se enraizaron en la prosa del joven periodista que ya se soñaba novelista el cruce de la literatura pura y dura con el más serio concepto del periodismo informativo.

Sin embargo, hay que aclarar que García Márquez empezó publicando retruécanos barrocos de una lírica muy inspirada en poemas breves que han sido olvidados por los posteriores lectores de su obra. Esto quizá porque el propio autor pasó pronto al cuento como género casi confundido con la crónica o la memoria personal y a la postre, abono de su novelística.

Allí está el origen de Cien años de soledad: en el afán del periodista que lo mismo pone el microscopio en la popularidad y microhistoria de la música vallenata que el telescopio en la luenga historia hispanoamericana. Heredero de los cronistas de Indias y del periodismo que se instaló en América de la mano del modernismo (allí donde los poetas se volvieron cronistas), García Márquez abrevó de Martí, Darío, J.A. Silva e incluso Vargas Vila, tanto como de Hemingway, Dos Passos o Capote.

Castillo dibujó un lienzo biográfico donde explicó que, a partir de la lectura de Kafka, García Márquez habría de encuadrar o sincronizar mejor la maravillosa realidad que lo rodeaba con la desatada imaginación que cargaba desde su infancia. De allí la influencia de las letras de canciones de vallenato que parecen prefigurar el mundo de Macondo y las raras noticias de sucesos que ocupaban las prisas del reportero ya instalado en los primeros trabajos como periodista, donde nos informa Castillo que el joven Gabo tuvo que pulir los alargados párrafos barrocos.

En este proceso Gabo fue guiado por las manos de viejos periodistas que apuntalaron en él la prosa más directa o puntual, como su primer editor en el diario cartagenero El Universal, Clemente Manuel Zabala. Esto sin afectar el binomio que García Márquez heredó de Faulkner, quien afirmó que no había mejor lugar para escribir que la posibilidad de vivir en un burdel pues de día son los lugares más callados del mundo y de noche reciben la vida palpitante de todos los niveles de una ciudad. Gabo lo confirmó en las viejas casas de asistencia donde sobrevivía pergeñando crónicas y escribiendo y leyendo a deshoras mientras las mujeres de la vida galante le preparaban los desayunos y le levaban la poca ropa.

Dicho en una sola metáfora, García Márquez empezó su andar en tinta con una constante propensión a la ecualización entre la constancia de los hechos y la inverosimilitud de los sueños y eso, entre muchas otras magias, conforma el principal aliciente y ejemplo que siguen hoy los becarios que ya han empezado a recorrer la calles y los párrafos de Cartagena para la confección de sus propios párrafos.

Discusión de trabajos
Durante la primera jornada de la Beca, los participantes presentaron sus propuestas de tema a trabajar, que una vez enviados previamente como postulación, se transforman al llegar a Cartagena e irán cambiando de sazón, razón y profundidad conforme reciban comentarios, guía y sugerencia por parte de los maestros.

Temas tan diversos como la champeta, la superstición, el amor, la memoria, la gentrificación y la arquitectura se escucharon y se debatieron en esta primera mesa redonda.

Beca Gabo 2017
La Beca Gabo es organizada por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano –FNPI, y el Ministerio de Cultura de Colombia, con el apoyo de Cartago Foundation y ProColombia-Marca País.

La Beca Gabo es una parada de la Caravana de historias, una iniciativa de la FNPI que recorre Iberoamérica en el 2017 para dar a conocer el legado de su fundador Gabriel García Márquez, celebrar los 50 años de su obra más universal y promover el periodismo ético, creativo e innovador. (Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano – (FNP ).

 

 
Balas para frenar periodistas en México

Marzo ha sido un mes fatídico para la prensa en México. Tres periodistas han muerto asesinados a balazos en Guerrero, Veracruz y Chihuahua. Otro lucha por su vida en el hospital después de un ataque en la puerta de su casa. Otro tuvo suerte, su escolta recibió el plomo que unos sicarios guardaban para él. El último se recupera de una herida de bala, sufrida cuando cubría una protesta sindical. 103 periodistas han muerto asesinados en México desde 2000. Solo el año pasado fueron 11. Las líneas que siguen tantean los últimos pasos de los tres muertos del mes de marzo.

MiroslavaBreach, la valiente denuncia sobre la ‘narcopolítica’

Como en las películas de espías, si el investigador hubiera preguntado a los conocidos de la víctima si había alguien que tuviera motivos para asesinar a MiroslavaBreach, sus familiares, amigos y conocidos se habrían mirado entre ellos y habrían enumerado una larga lista de posibles sospechosos que van desde alcaldes y policías locales a partidos políticos y narcotraficantes.

Conocida por su periodismo crítico y profundo, a lo largo de varias décadas como corresponsal en Chihuahua Miroslava molestó a muchos y fue elevando el tono para denunciar, entre otras cosas, el desplazamiento de miles de campesinos de la sierra Tarahumara obligados a plantar amapola ante la llegada de los cárteles, o los vínculos de los partidos políticos con el crimen organizado.

Si bien aún no está claro quien ordenó su muerte el jueves 23 de marzo, las autoridades tienen clara una cosa: fue asesinada por su trabajo periodístico, confirmó el gobernador Javier Corral.

Uno de sus artículos más reconocidos, “Narco destierra a familias en Chihuahua”, publicado en agosto de 2016, denunciaba que centenares de familias de campesinos habían sido desplazadas de sus comunidades y habían perdido sus casas, ganado y tierras, a manos de narcotraficantes. En su texto detalló como los campesinos de diminutos municipios perdidos entre las montañas de Chihuahua como La Lobera, Chínipas o El Manzano, en Urique, vivían bajo el terror de narcotraficantes que custodiaban los caminos que impedían regresar a la población.

El texto señalaba que mientras en las zonas urbanas decrecía el número de homicidios, en las zonas rurales no hacía sino aumentar. Y citaba dos municipios Milpillas y Las Chinacas donde hace unos años vivían 1.500 personas y ahora solo quedan la mitad. El artículo denunciaba que desde hacía varios meses distintas organizaciones y movimientos políticos le habían pedido al presidente Enrique Peña Nieto que actuara, sin obtener respuesta.

Pero Miroslava no levantó el dedo del renglón. Recientemente publicó un valiente texto donde denunció los vínculos entre el crimen organizado y los partidos políticos. En el texto ‘Impone el crimen organizado candidatos a ediles en Chihuahua’, publicado en La Jornada denunciaba como los dos partidos más importantes del país, el oficialista PRI (Partido Revolucionarios Institucional) y la derecha del PAN (Acción Nacional) habían incluido en sus listas a miembros del crimen organizado como candidatos a alcaldes.

Miroslava citó con nombres y apellidos como la suegra de Arturo Quintana, alias El 80, el criminal más buscado desde de la región, se presentaría como candidata del PRI en Bachiníva. Su candidatura vino precedida llegar una serie de anónimos para que ningún otro aspirante osara presentarse y opacar a la candidata Silvia Mariscal Estrada.

Diez días después recibió ocho balazos de un sujeto armado que la esperaba a la salida de su casa.

Cecilio Pineda, reportero en Tierra Caliente

El reportero Cecilio Pineda trabajaba para su cuenta de Facebook. Igual entraba en vivo con la cámara de su celular, que escribía una nota. O publicaba el reportaje de algún compañero. O sacaba publicidad de una venta de pollos, de un taller mecánico, de una tienda de zapatos. Así ganaba algo de dinero.

A Cecilio lo asesinaron el pasado 2 de marzo en su pueblo. Vivía en Ciudad Altamirano, un municipio de la Tierra Caliente de Guerrero, una de las regiones más pobres de uno de los estados más pobres de México.

El día en que lo mataron, Cecilio fue a San Miguel Totolapan, el pueblo de al lado. Hacía meses que un grupo de vecinos se había levantado en armas contra el crimen organizado. Estaban hartos, decían, de Los Tequileros, una banda de secuestradores que tenía sometida a la población desde hacía meses. Aquel día, los vecinos exigieron a las autoridades que detuvieran a su líder, El Tequilero. Que aprehendieran además a su compadre, el exalcalde de San Miguel, Saúl Beltrán. Por entonces, la fiscalía ya acusaba a Beltrán de haber asesinado al párroco del pueblo años antes.

Cuando volvía de San Miguel, mientras manejaba su carro, Cecilio entró en vivo a través de su cuenta de Facebook. “¡Buenas tardes amigos de la Tierra Caliente!”, saludó. El reportero denunció que unos sicarios de Los Tequileros habían desertado. Que estos sicarios habían dado la ubicación de los demás. Que las autoridades no los detenían porque no querían. Que el comandante regional de la policía estatal protegía a los secuestradores. El vídeo pronto alcanzó varios miles de visitas.

Cecilio no hacía periodismo de investigación. Decía lo que todos creían saber y el problema, para él, es que muchos le escuchaban. Era un líder de opinión. Un amigo suyo, colega de profesión, contaba este viernes que “le habían dicho que le bajara”. Que no publicara más cosas sobre Los Tequileros. “Ya en diciembre empezaron así, que le bajara, le mandaban mensajes al Facebook”. El reportero no quiere decir su nombre por miedo.

Cecilio era orondo, el pelo al rape, una barbita de candado, casi siempre vestido de negro. Las autoridades saben quiénes le mandaron matar. Pero ignoran quienes apretaron el gatillo. Cuando agarremos a los segundos, decía el fiscal la semana pasada, iremos por los primeros.

Ricardo Monluí y la industria de la caña de azúcar en Veracruz

En apenas mes y medio, tres hombres vinculados a la industria de la caña de azúcar murieron asesinados en Veracruz. Los tres, en la región centro. Primero fue Norberto Echeverría. Presidente de una asociación de productores de caña de azúcar, Echeverría murió acribillado el jueves 9 de marzo en el estacionamiento de un centro comercial de Córdoba. Un lugar concurrido en una ciudad grande. A Norberto le cayeron dos disparos, uno en la cabeza. Murió ahí mismo.

Dos semanas más tarde, el viernes 24 de febrero, Fernando Maza murió tiroteado a tres kilómetros de allí. Maza, líder de otra asociación de cañeros, iba manejando su camioneta por una de las avenidas anchas de la ciudad. Sus tres escoltas le seguían en otra. Según testimonios recopilados por la prensa local, tres vehículos les emboscaron y balacearon.

El día de San José, domingo 19 de marzo, Ricardo Monluí fue a desayunar a un restaurante con familiares y amigos. Se citaron en Yanga, un municipio a 20 minutos en carro del centro de Córdoba. A eso de las 10 de la mañana, cuando ya salían del local, hombres armados abrieron fuego contra él. Murió allí mismo, en la banqueta, afuera del restaurante. Otras versiones indican que lo mataron dentro de su carro, un Nissan Tsuru blanco. Otras que solo estaba con su esposa. Otras…

Monlui era un periodista conocido en la región centro del estado. Tenía su propio medio, El Político de Córdoba. Colaboraba con varios diarios locales. Escribía una columna, el Crisol. Un colega dice que era muy cercano al Gobierno y que por eso nadie hizo demasiado escándalo cuando lo mataron. El colega, que prefiere ocultar su nombre por seguridad, dice también que era muy amigo de Daniel Pérez Valdés.

No queda muy claro que tipo de relación mantenían, pero Monlui y Valdés se conocían de hacía tiempo. El segundo era –sigue siendo- presidente de la unión nacional de productores de caña de azúcar. El primero había sido su vocero.

Ricardo Monlui no descubrió los trapos sucios de nadie, pero conocía el sector cañero como la palma de su mano. Las autoridades no han detenido a nadie por la muerte de ninguno de los tres.

JACOBO GARCÍA / PABLO FERRI
elpais.com

Foto internet/medios

 
Reflexiones sobre la cobertura que los medios realizan de la violencia sexual

¿Cómo pueden los periodistas hacer un mejor trabajo a la hora de cubrir la violencia sexual contra las mujeres? Un panel en el que participaron cinco periodistas de Italia y Reino Unido intentó abordar esa cuestión durante el Festival Internacional de Periodismo en Perugia, Italia.

Si bien la conversación se limitó a casos en Italia y Reino Unido, los problemas discutidos por los panelistas son aplicables a muchos países alrededor del mundo (he visto personalmente las mismas situaciones en Rusia y Alemania).

De acuerdo con estimaciones del gobierno de Reino Unido, alrededor del 75% de las mujeres británicas que sufren un delito sexual no lo denuncian a la policía. Y cuando las historias de agresión son recogidas por los medios de comunicación, suelen informarse de una manera sensacionalista que a menudo hace más daño que bien, dijeron los panelistas.

Según los panelistas, el principal problema sobre cómo se cubre la violencia sexual es el fracaso a la hora de brindar un contexto. Tales eventos siempre se muestran como algo fuera de lo común, y la narrativa se centra en la víctima: su personalidad, cómo estaba vestida y si podría haber evitado de alguna manera la situación que vivió. Una tendencia particularmente alarmante en Italia es que las historias sobre delitos sexuales suelen publicarse junto a fotos de la cara de la víctima o de su cuerpo, dijo la fotoperiodista italiana Stefania Prandi.

Centrar la cobertura en el comportamiento de la víctima expande la idea nociva de que la violencia sexual puede ser justificada, y que aquellas a las que les sucede de alguna manera se lo han buscado. Historias mal escritas a menudo romantizan el crimen diciendo que la víctima era "demasiado hermosa" y el atacante "no pudo controlarse".

Otro problema serio es que los perpetradores son, en su mayoría, retratados como monstruos, personas sin auto-control. Y en los casos en que tal ángulo es imposible, a los lectores se les da una visión más comprensiva, por ejemplo, decir que una investigación criminal pondrá en peligro el futuro del atacante.

El problema con las historias sensacionalistas sobre violencia sexual es que ignoran la naturaleza sistémica del abuso sexual que enfrentan las mujeres. Los crímenes de género son parte de la opresión sistémica que sufren las mujeres, y los periodistas tienen la responsabilidad de mostrar ese contexto, dijeron los panelistas. No es una coincidencia que en muchos casos, las mujeres que reportaron ser acechadas hayan sido finalmente asesinadas o violadas por sus acosadores. Según un estudio estadounidense, en el 50% de estos casos ellas conocían al acosador.

Cuando se trata de informar sobre violencia –sexual o de otro tipo– los periodistas pueden estar tentados a diluir algunos elementos de la historia por miedo a la reacción de la audiencia. En respuesta a algunos de mis trabajos, he recibido comentarios como "Esta historia me enfermó", lo que me llevó a preguntarme si había exagerado o desviado la atención de algunos lectores de considerar seriamente los problemas que planteé. Cuando les dije esto a los panelistas, estuvieron de acuerdo en que ciertos detalles podrían ser omitidos en algunas ocasiones, pero los hechos deben ser mantenidos ya que son de interés público.

Con el actual panorama cambiante de los medios de comunicación, los sobrevivientes de la violencia tendrán más oportunidades de contar sus historias sin usar a los medios como intermediarios, dijeron los panelistas. Sin embargo, aun cuando aquellas personas que han sufrido una agresión sexual estén más capacitadas para contar sus historias en sus propios términos, eso no quita la responsabilidad de los periodistas que deben informar sobre estos temas.

https://ijnet.org/es/ Imagen con licencia Creative Commons en Flickr, vía Esther Vargas.

 
Periodismo: Tiempos peligrosos


Marzo, pero 24 grados en Valencia. En el Patio de los Naranjos de Las Naves unas 100 personas conversan en torno a mesas, o sentados en el suelo. Alguno se ha descalzado. Varios miran ordenadores y la mayoría charla animadamente. Son parte de los 1200 profesionales de internet, activistas y expertos en privacidad que ha convocado el Internet Freedom Festival estos días en la ciudad.

Se oye mucho inglés con acentos y el tema común es la seguridad, los derechos y cómo seguir construyendo esta internet sin cerrar espacios y protegiendo la privacidad. En el patio hay un altavoz, alguien pone música y suena una curiosa mezcla de música latina, disco y ritmos africanos a la que nadie parece hacer caso. Estoy esperando a Tom Lowenthal, tecnólogo del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), organización que acaba de presentar un informe especial, TheBestDefense: Threatstojournalists’ safety demandfreshapproach (La mejor defensa: las amenazas a la seguridad de los periodistas exigen un enfoque nuevo).

El informe, que sólo está en inglés, dice que el colapso de las viejas estructuras políticas, el aumento de grupos armados, el fracaso de los gobiernos occidentales ante regímenes represivos y la disrupción en la industria de los medios de noticias provocada por la tecnología han conformado un escenario amenazante para el periodismo global desde los años 90.

Según el CPJ, los periodistas nunca hemos sido tan vulnerables. ¿Es realmente así? Lowenthal envía un mensaje a través de Signal, dice que se retrasa porque estaba en el otro patio. Las Naves tienen muchos espacios donde los asistentes se reparten en distintas sesiones. Es curioso que este año ya nadie te da su email sino su número de móvil porque es como agregas a gente a esta app, una de las más seguras y recomendada por el mismísimo Edward Snowden. Mientras espero abro Twitter y leo que Signal ya no es seguro: Wikileaks acaba de publicar que la CIA ha conseguido comprometerla, a través de malware en un dispositivo.

Buscamos dos sillas en un espacio tranquilo y pregunto a Lowenthal si realmente es cierto que los periodistas nos enfrentamos a más riesgos hoy, como dice el informe.

“Nunca antes ha sido una época tan peligrosa para ser periodista”, dice Lowenthal. Cree que es así por una serie de factores, aunque la verdad pura y dura es que los periodistas son asesinados hoy en una tasa mayor desde que el CPJ empezó a recoger datos. Desde 1992 han sido asesinados 1232 periodistas, 452 han sido forzados a exiliarse desde 2010, y el censo de 2016 revela a 459 en prisión. Parte de esto, según Lowenthal, se explica por un cambio en las dinámicas de los periodistas, por la precariedad.

“Los periodistas que pisaban una redacción en el pasado, antes de finales de los 90, como parte de organizaciones profesionales tenían el apoyo de especialistas en seguridad pendientes de ellos, por lo que cuando iban a zonas de conflicto tenían la mejor formación posible en materia de seguridad, hacían prácticas, tenían experiencia y equipos adecuados. Lo que es muy triste es que hubo un recorte de redacciones casi en todas partes del mundo, especialmente en redacciones pequeñas que se hicieron aún más pequeñas, y el grupo de los freelancers se ha salido de proporción. Eso significa que esta gente trabaja en zonas de riesgo sin apoyo, sin contactos de emergencia, sin equipos, sin expertos que puedan asistirlos y sin una buena gestión del riesgo hay más posibilidades de que resultes herido. Y cuando el riesgo son las balas, eso puede acabar muy mal”.

No es sólo que la gestión del riesgo ahora sea menor, según el CPJ. “El peligro objetivo en algunos casos ha aumentado”, explica Lowenthal. Históricamente, uno de los mayores peligros para el periodismo lo constituyen las fuerzas militares en la región desde donde reportan. Esos militares normalmente responden ante un poder ejecutivo nacional, un gobierno que pone las reglas del conflicto y les dice que no se metan con la prensa, que no hieran a periodistas. “Pero las fuerzas militares modernas como grupos terroristas o carteles de la droga no responden a ese tipo de control y tienen un enfoque diferente: ellos no ven a los medios de comunicación como parte de la sociedad que quieren tener. Están metidos en una guerra de propaganda por lo que cualquier parte que no esté de su lado en la historia merece ser asesinado”.

El recuerdo de los asesinatos en vídeo de James Foley y Steven Sotloff en 2014 vuelve y de repente el sol de Valencia se oscurece. Especialistas en seguridad para periodistas, entre ellos Tug Wilson, de The New York Times, apuntan a comienzos del 2000 como el momento en el que los periodistas que trabajaban en áreas de conflicto comenzaron a ser percibidos como targets. La invasión de Irak por parte de Estados Unidos dejó claro que “los días en que un periodista iba y venía entre bandos opuestos en una línea de batalla se han ido”, dice Wilson.

Otros riesgos: tecnología y salud mental

Catorce años después, con 40 conflictos armados activos en el mundo, y 65 millones de personas desplazadas de sus hogares, es la primera vez que los desplazamientos han sobrepasado los 50 millones desde la Segunda Guerra Mundial, y ciertamente hay más historias que nunca para contar desde lugares peligrosos. La popularización de tecnología para transmitir y recoger información y la reducción de las estructuras de las redacciones hace que cada vez más sean freelancers quienes están cubriendo conflictos.
Las amenazas físicas son visibles: puedes ver a alguien con un arma. Puedes entenderlo de una manera práctica y visceral. Pero la parte digital y psicológica son más difíciles de comprender

Ante la situación, el CPJ sabe que deben ser proactivos. Este año ha creado el Emergencies Response Team (Equipo de Respuesta ante Emergencias). El objetivo es establecer para los freelances el mismo tipo de infraestructura de la que dispone un periodista dentro de un medio, y que el ratio de muerte no se dispare tan desproporcionadamente en quienes trabajan de forma precaria.

¿Qué rol juega la tecnología en este escenario? ¿Estamos los periodistas más en riesgo por este factor?

Explica Lowenthal: “Reconocemos diferentes áreas de pericia en cuanto a protección para periodistas, pero no conforman distintas áreas de práctica. La seguridad tiene que ser holística. En el ámbito periodístico, tradicionalmente la seguridad se ha enfocado en el “seguridad física primero, seguridad informática después”. Pero esto no es una gestión de riesgo efectiva. Si planificas usar protección corporal cuando no estás teniendo en cuenta cómo el uso de tus dispositivos está revelando tu localización para que puedan dispararte, no tienes una estrategia efectiva de seguridad. Y tener en cuenta ambas cuando no estás considerando las consecuencias psicológicas de enfrentarte a tumbas masivas de personas u otras experiencias que pueden causarte stress, depresión o incluso suicidio, es, otra vez, no gestionar tu riesgo efectivamente”.

La CPJ en su informe divide la seguridad en física, digital y psicosocial, pero advierte que no están separadas y que tienen que recibir igual atención.

“Las amenazas físicas son visibles: puedes ver a alguien con un arma. Puedes entender mucho sobre el riesgo que corres de una manera práctica y visceral”, explica Lowenthal. “Pero la parte digital y psicológica son más difíciles de comprender. En sistemas de computación es difícil entender los riesgos, pero en la parte psicológica, si no te ha tocado a nivel personal o a alguien cercano, el estigma que existe alrededor de la salud mental hace que sea difícil entender los síntomas. Incluso las amenazas de muerte pueden causarte problemas mentales”.

Pienso que no he visto a muchos periodistas en este evento y pregunto a Lowenthal si los periodistas realmente somos conscientes de los riesgos que corremos.

Lowenthal cita a Jennifer Henrichsen, de la Universidad de Pensilvania, que investiga sobre la percepción del riesgo por parte de periodistas y por qué no toman medidas. Dice que lo que sucede es que el trabajo de los periodistas es hacer periodismo, y que cualquier minuto que dediquen a temas de seguridad, o protección psicológica o cualquiera de estos temas, es literalmente distracción de su trabajo. “El 80% de los periodistas de investigación norteamericanos creen que su trabajo los expone a vigilancia por parte del gobierno, pero muy pocos toman medidas con respecto a eso. Es difícil que actúen porque es un campo de habilidades diferentes, y es por eso que la protección institucional es necesaria”, concluye.

En tiempos donde la información es cuestionada tuit a tuit, el periodismo es más necesario que nunca, y todos estamos sometidos a vigilancia masiva, ¿nos podemos permitir dejar conflictos y la historia de países sin contar por no proteger a nuestros periodistas? Recuerdo lo que leí sobre Signal y pienso que saber qué sistema de mensajería segura usaremos el próximo año parece aún más lejano.

Pregunto a Lowenthal si puedo hacerle la foto y le digo que le enviaré la URL cuando publique. Después de despedirnos, abro mi ordenador y leo que algunos periodistas ya cuentan mejor la historia: el cifrado de Signal sigue siendo seguro, la CIA ha encontrado una forma de comprometer el dispositivo pero eso no puede hacerse a escala masiva dando a un botón. En el patio valenciano sigue brillando el sol.

Marilín Gonzalo

Foto internet/medios

 
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