Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Martes, 22 setiembre 2020
Informe Especial
Los electores son el límite de la democracia

ROMA.- El 23 de agosto, un respetado organismo de encuestas electorales  brasileñas reveló que el presidente Jair Bolsonaro disfruta de un índice de aprobación de 51%, el más alto desde que fue elegido. Brasil es el segundo país con mayor número de muertes por coronavirus, después de Estados Unidos.

Pero pese a que Bolsonaro redujo el virus a una “gripezinha” se negó a usar la máscarilla, atacó duramente a los gobernadores de los Estados que estaban tomando medidas de control, colocó  a un militar como ministro de Salud (después de haber expulsado a dos médicos), es considerado por los votantes brasileños ajeno al flagelo.

Bolsonaro siempre ha declarado que la responsabilidad era de los gobernadores y que consideraba que frenar la economía era una irresponsabilidad. Ha otorgado una ayuda de aproximadamente 80 dólares a familias pobres y ahora es particularmente popular en la mayoría de las áreas más pobres del país, que siempre han sido los baluartes de Lula.

La Convención del Partido Republicano, concluida el 27 de agosto en Estados Unidos, siguió el mismo guion.

La responsabilidad de la epidemia no es del presidente, sino de los gobernadores. El hecho de que la mayor cantidad de muertes en verdad se han producido en Estados gobernados por republicanos, como Texas y Florida, no importa a los votantes de Donald Trump, lo que cuenta la palabra del presidente, que  nunca creyó en el virus, diciendo que desaparecería “uno de estos días".

Intervino en el debate de salud, recomendando tomar detergentes de cocina e ignorar total y descaradamente al responsable de salud pública, el famoso virólogo Anthony Fauci. Pero a pesar de todo, gracias a la plataforma de la Convención,  redujo la brecha con Joe Biden de 13 a nueve puntos.

Y son muchos los que escuchan sus acusaciones contra los gobernadores democráticos de dejar actuar a los agentes del comunismo y la anarquía: los manifestantes movilizados por la muerte de un negro, Frank Lloyd, asfixiado sin causa aparente por un policía blanco.

Los análisis que predicen la victoria de Trump han reaparecido en los periódicos.

El virus ha demostrado que ahora ya no hay  diferencia entre un científico y uno que tuitea en las redes sociales. En Madrid, Miguel Bosé, cantante hijo de dos personajes famosos,  la actriz italiana Lucia Bosé y el torero español Miguel Luis Dominguín, convocó una manifestación contra las mascarillas en la Plaza Colón. Concurrieron 2500 personas, muchas de las cuales gritaron: “el virus no existe”.

Un estudio Gallup dice que casi 20% de la población europea rechazará la vacuna. En  Estados Unidos, hay estimaciones más altas. También porque todo el mundo sabe que el virus fue una creación de Bill Gates y que la vacuna introducirá un chip en el cuerpo humano, gracias al cual se puede controlar el mundo…

Y una diputada italiana hizo una denuncia en el parlamento: “quien se pone una máscara es de izquierda, porque acepta reducir su libertad… y quien no la usa es porque es un hombre libre”, un tema recurrente de la derecha…

Además,  en todo caso se trata de un virus chino (definición de Trump), creado en un laboratorio de Wuhan, para gobernar el mundo: la prueba es que inmediatamente controlaron la epidemia, y su economía ha sufrido menos que las demás.

Los chinos responden que fueron los soldados estadounidenses, que asistieron a una ceremonia, quienes introdujeron el virus en China para destruir su creciente poder. La explicación de los científicos de que el virus proviene de un animal infectado que ha contaminado la cadena alimentaria no convence a nadie.

Mientras tanto, aumenta el número de los que creen que la Tierra es plana, así como de los que niegan la teoría de la evolución, porque la Biblia dice que la creación se hizo en siete días.

No pasemos a explicar la teoría catalogada como QAnon (1) que afirma que estamos bajo una conspiración de personalidades muy altas, que mientras tanto quieren sacar a Trump, para apoderarse del mundo (una teoría que Trump ha relanzado) y que ahora está echando raíces en Europa…

Las teorías de la conspiración están circulando cada vez más, y con mayor fervor. Una vez, los negacionistas impugnaron la emergencia climática a pesar de todas las pruebas. Ahora también niegan el virus, aunque avanzamos rápidamente hacia al menos 800 000 muertes oficiales. Es como si la ciudad de Marsella desapareciera…

Estas teorías de negación o conspiración hacen sonreír a los que creen en la ciencia y los números. Pero hay un detalle que les debería preocupar: esos extremistas también votan…

Es hora de vincular la crisis de la democracia con las teorías de negación y conspiración. El límite de la democracia son sus votantes, dijo Winston Churchill. Añadimos que los reyes de la negación del virus, Trump y Bolsonaro, fueron elegidos libremente y hoy gozan de un considerable apoyo popular.

Según Fact Check, Trump ha dicho más de 20 000 mentiras desde que fue elegido. Pero según Fox y sus electores, son otros los que mienten. Los romanos decían que los dioses, antes de arruinar a los hombres, los vuelven locos. De ser cierto, el virus y la emergencia climática serían enviados por los dioses…

Roberto Savio (IPS).

 
Garantizar derechos de los indígenas protege también el bosque

BUENOS AIRES.- En la Amazonia, los territorios indígenas funcionan como la barrera más efectiva frente al desmonte si se garantiza a sus comunidades sus derechos sobre los territorios.

Un trabajo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS, en inglés), el 10 de agosto, que investigó la relación entre el derecho sobre la tierra de los pueblos originarios y la deforestación, cruzó información satelital sobre la cobertura vegetal de la selva tropical amazónica de Brasil, entre 1982 y 2016, con los registros del gobierno brasileño sobre los derechos de propiedad de las comunidades indígenas locales.

Así, los investigadores hallaron que contar con derechos de propiedad permite a los indígenas proteger la tierra de amenazas externas, lo que se traduce en una reducción de 66 por ciento de la deforestación.

Este efecto no se evidenció en los territorios donde a los indígenas no se les reconoce o se reconocen parcialmente esos derechos.

“Proporcionar plenos derechos de propiedad y el entorno institucional para hacer cumplir esos derechos es una forma importante y rentable para que los países protejan sus bosques y alcancen sus objetivos climáticos”: Kathryn Baragwanath.

La Amazonia representa la mitad de la selva tropical del planeta, con gran influencia en el clima y los ciclos hidrológicos del mundo.

En los últimos años ha experimentado una deforestación sin precedentes debido principalmente a los incendios forestales, la tala ilegal y la minería en aumento, según consigna el estudio en base a datos del Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) brasileño.

De enero a agosto de 2019, ese instituto informó más de 40.000 incendios, con un aumento de 278 por ciento en la deforestación de la Amazonia Legal, donde se encuentra 60 por ciento de la selva tropical amazónica.

La quema de bosques, principal causa de esos incendios, es utilizada para despejar rápidamente la tierra con fines agrícolas.

“Consideramos que el reconocimiento pleno de los derechos de propiedad de los pueblos indígenas les permite ser eficaces para frenar la deforestación en la Amazonia brasileña”, dijo por correo Kathryn Baragwanath, coautora del trabajo e integrante del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de California San Diego, en Estados Unidos.

Según el estudio, en 1985 la mayoría de los territorios indígenas no habían recibido derechos plenos de propiedad, pero en 1995 cerca de la mitad de esos sitios habían sido homologados.

Esta homologación se obtiene por decreto presidencial y es la última etapa de un proceso que involucra a diferentes instancias jurídicas

“El territorio constituye el bien social y cultural más importante para los pueblos indígenas. Desde esta perspectiva asegurar su espacio vital, constituye la base sobre la que se apoyan el conjunto de los derechos indígenas”, explicó a SciDev.Net por Whatsapp Mariela Flores Llampa, abogada diaguita de la Comunidad India Quilmes-Unión de los Pueblos de la Nación Diaguita en Tucumán, Argentina.

Ane Alencar, directora de Ciencia del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia (Ipam) de Brasil, dijo por teléfono a SciDev.Net que la investigación confirma, por medio de análisis estadísticos, lo que puede pensarse intuitivamente.

“Muestra que garantizar los derechos territoriales es clave para combatir la deforestación y los incendios”, afirmó.

Alejandra Ahmad, autora de una tesis sobre políticas públicas en relación con la propiedad de las tierras de los pueblos originarios de Argentina, dijo a SciDev.Net que el primer antecedente en América Latina y el Caribe sobre el reconocimiento colectivo a la propiedad de tierra de las comunidades indígenas tuvo lugar en Nicaragua.

Fue en 1988 con un fallo a favor de la comunidad Awas Tigni que había demandado al gobierno nicaragüense por permitir la explotación maderera en su territorio, sin su consentimiento.

“La corte reconoció la propiedad colectiva de los pueblos originarios y ordenó la demarcación y titulación de las tierras a nombre de esa comunidad”, contó Ahmad.

En Argentina, un fallo de la Corte Interamericana de Justicia del 6 de febrero de 2020 reconoció la propiedad comunitaria de 400 000 hectáreas a 132 comunidades indígenas de la provincia de Salta agrupadas en la asociación civil Lhaka Honhat, tras un reclamo iniciado a fines de 1980.

El dictamen no solo corroboró el derecho a la propiedad comunitaria, sino que también hizo hincapié en el derecho a un ambiente sano, alimentación adecuada, acceso al agua y la participación de la comunidad en la vida cultura, señaló Ahmad.

No obstante, la abogada Flores sostiene que en Argentina se ha avanzado muy poco en asegurar a los pueblos originarios la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan, a pesar de disponer del más completo y abarcador marco jurídico, con adhesión a tratados internacionales y leyes provinciales.

“De poco sirven si no se los dota de un presupuesto adecuado, capital humano comprometido y —sobre todo— voluntad política para llevar a cabo un verdadero reconocimiento a los Pueblos Originarios”, opinó.

“Proporcionar plenos derechos de propiedad y el entorno institucional para hacer cumplir esos derechos es una forma importante y rentable para que los países protejan sus bosques y alcancen sus objetivos climáticos”, agregó Baragwanath.

En Brasil, “las políticas públicas, la movilización internacional y las ONG deberían centrar ahora sus esfuerzos en presionar al gobierno brasileño para que registre los territorios indígenas que todavía están a la espera de sus plenos derechos de propiedad”, concluyó la coautora del estudio publicado en PNAS.

Este artículo fue publicado originalmente por SciDev.net.

(IPS).

 
Covid-19 en Perú: Pandemia ya deja más muertos que la guerra con Sendero Luminoso

Perú suma en seis meses de pandemia más de 70.000 muertos, un número superior a las víctimas que, durante veinte años (1980-2000), dejó la sanguinaria violencia del conflicto armado interno causado por las organizaciones subversivas Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).

Es el nuevo y macabro hito de Perú en esta crisis sanitaria, al haber visto morir en medio año más personas que las 69.000 que se estima que se cobró el enfrentamiento entre el Estado y los subversivos, según la estimación más alta que realizó la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) en su informe final.

Agosto fue el cuarto mes consecutivo que cerró con más de 25.000 muertos a nivel nacional, más del doble que lo habitual antes de la pandemia, según figura en el Sistema Nacional de Defunciones (Sinadef), registro que se ha vuelto el mayor barómetro de esta tragedia nacional.

Los dos meses anteriores (marzo y abril) también superaron con mucho las cifras medias de defunciones.

Con ese ritmo mensual de fallecimientos, y sin ser un evento bélico, los seis meses de emergencia han superado el saldo mortal de cualquier guerra o conflicto bélico en 199 años de independencia de Perú, incluida la cruenta Guerra del Pacífico contra Chile (1879-1884) que tanto marcó la historia republicana con unas 18.000 muertes.

AUMENTO DE 120 % DE DECESOS

Desde marzo, cuando se conoció el primer caso de coronavirus en Perú, han fallecido en total unas 125.000 personas por cualquier causa, lo que supone un 120 % más que los decesos registrados en el mismo periodo de los dos años anteriores.

Ese exceso de muertes asciende ya a más de 70.000 personas fallecidas, de las que apenas 29.000 son decesos confirmados por covid-19, lo que hace de Perú el primer país del mundo en mortalidad por coronavirus al promediar 88 muertes por cada 100.000 habitantes.

De los 44.000 restantes, hay unas 11.000 consignadas como sospechosas de coronavirus por el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades del Ministerio de Salud, pero aún quedan otras 18.000 muertes inusuales sin explicar.

Pese a que solo pueden figurar como confirmados aquellos fallecidos que han dado positivo a una prueba de descarte de covid-19, el Gobierno peruano está revisando desde junio cada muerte para poder acercarse lo antes posible a la cifra real de muertos por el coronavirus.

Solo el número de muertes confirmadas hasta ahora por el virus SARS-CoV-2 es ya superior a la cifra de víctimas documentadas que dejó el conflicto interno, que asciende a unas 25.000 identificadas.

UNA MASACRE DIARIA

Desde finales de mayo los fallecimientos diarios por coronavirus no bajan del centenar y hasta hace poco rondaban los 200 cada jornada, un número superior a cualquiera de los peores episodios de violencia protagonizada por Sendero Luminoso, el MRTA o las fuerzas armadas.

Hace casi tres meses que en Perú mueren a diario por covid-19 más personas que las 117 que perdieron la vida en 1984 en la masacre de Soras, la mayor matanza atribuida a Sendero Luminoso en sus numerosas venganzas terroristas contra los pueblos de los Andes que no se sumaban a su lucha armada.

También es un número superior a las al menos 109 personas cuyos restos fueron hallados cerca del cuartel Los Cabitos, el mayor centro de torturas, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones que practicaron sistemáticamente las fuerzas armadas entre numerosos episodios de violaciones a los derechos humanos.

CIENTOS DE POLICÍAS Y MÉDICOS MUERTOS

Estos crímenes tampoco alcanzan por separado para igualar el número de médicos fallecidos por covid-19 en Perú, que alcanza ya los 155, y menos aún para los policías que perecieron a causa del virus, que suman ya más de 400, más de la mitad de los casi 700 policías perecidos en el conflicto interno, según la CVR.

Las masacres del periodo de violencia acontecido en Perú hay que multiplicarlas por seis para alcanzar la magnitud de muertes diarias que ha reportado el Sinadef en el peor momento de la pandemia, con un pico máximo de casi 700 en un solo día.

No obstante, este nivel de fallecimientos diarios está descendiendo desde hace tres semanas, una señal de que el ritmo de decesos en estos seis meses de pandemia está regresando paulatinamente a los niveles previos a la emergencia.

MATANZA MULTIPLICADA POR DIEZ

Otro capítulo emblemático del conflicto interno fue la matanza en 1983 de ocho periodistas en el caserío de Uchuraccay, en la región de Ayacucho, en el sur de Perú, a manos de una turba que supuestamente los confundió con ‘senderistas’.

La pérdida de estos profesionales de la información equivale en número a apenas una décima parte de los al menos 82 periodistas que han fallecido por covid-19 en estos últimos seis meses en Perú, según el registro de la Asociación Nacional de Periodistas (ANP).

De esos periodistas fallecidos por coronavirus, 35 se contagiaron presuntamente mientras ejercían su trabajo con la misión de informar sobre la misma pandemia.

Aunque no hay una cifra oficial de indígenas fallecidos en el país por la covid-19, las organizaciones de nativos apuntan a casi 400, una pérdida que en este caso aún no llega a los 6.000 asháninkas y machiguengas que se estima que murieron perseguidos por Sendero Luminoso o esclavizados en los campos de trabajos forzosos que los insurgentes instalaron en la selva de Perú.

REUNIDOS EN CEMENTERIOS

Víctimas de la crisis sanitaria del covid-19 y del conflicto armado interno de Perú coinciden ahora en los colapsados cementerios como el de Mártires 19 de julio, ubicado en el distrito de Comas, ubicado en el cono norte de Lima.

Allí hace décadas descansan los restos de víctimas del conflicto interno, aunque ya no existe el mausoleo que hasta hace poco albergaba a varios ‘senderistas’ muertos durante la brutal represión al motín de la cárcel de El Frontón en 1986, derruido para que no se convirtiese en un monumento de peregrinación y apología terrorista.

Ahora los nichos y tumbas apenas esperan para ser ocupados. Se construyen y cavan horas antes de que lleguen los cuerpos y se celebre el funeral entre los cerros secos de este rincón de la capital peruana y en medio de una permanente neblina que se acumula entre las laderas en esta época invernal.

La abrumadora cantidad de fallecidos hace que las escenas de dolor para dar el último adiós se hayan multiplicado sin que se vislumbre aún la luz al final de un túnel.

Los contagios siguen creciendo y ya son más de 647.000 confirmados, lo que hace de Perú el quinto país del mundo y el segundo de Latinoamérica con más casos confirmados.

Fernando Gimeno/ Agencia EFE

 
América Latina: el paciente crónico de la pandemia

MÉXICO.- El 22 de mayo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que América Latina era el “nuevo epicentro” de la pandemia de covid-19. Un estatus ya había pasado de China a Europa y luego a Nueva York, en Estados Unidos.

México se acercaba entonces a las 7000 muertes, Brasil rebasaba las 20 000, y el resto del mundo se horrorizaba con las imágenes de cadáveres en las calles de Guayaquil, en Ecuador.

Ni el más avezado analista imaginaba entonces que, tres meses después, la región seguiría siendo el epicentro de la pandemia, que México estaría llegando a 60 000  muertes por covid (nueve veces más que en mayo); que Brasil casi duplicaría esa marca; que Chile declararía una “catástrofe”; que Bolivia cargaría cadáveres en carretillas por la saturación de sus cementerios, y que Perú estaría a punto de convertirse en el país con la mayor tasa de mortalidad por covid del mundo.

Este viernes 21 de agosto, el mundo suma más de 800 000 personas fallecidas por la pandemia más mortífera de los últimos 100 años. Más de la tercera parte de esas muertes las ha puesto América Latina.

Y a diferencia de Asia o Europa, el fin de la historia aún se ve lejos. Brasil y México, los dos gigantes de la región, apenas comienzan a descender lentamente en sus curvas epidémicas, mientras que otros, como Colombia y Argentina van escalando rápidamente.

Esta es una mirada a cuatro países sudamericanos. Encuentre usted las diferencias.

Argentina: Del ánimo a la desesperación

Hace dos meses el gobierno de Argentina aseguró que la epidemia estaba controlada, pero los contagios no dejan de aumentar. Apenas el jueves 20, el país registró un nuevo récord de contagios, con 8225 casos nuevos. Con ellos, Argentina suma más de 320 000 casos, casi lo mismo que Reino Unido.

El periodista argentino Rodrigo Miró, explica algo que bien podría ser un diagnóstico para toda la región:

“Hay mucha desigualdad económica, mucha población que vive hacinada, mucha gente que tiene que salir a trabajar para buscar el sustento. Entonces estamos hablando de que las medidas de sanitarias no son posibles”.

Miró se ha dedicado a recolectar testimonios en diferentes países. En entrevista telefónica, lamenta que en América la epidemia ha sido demasiado larga, a diferencia de China y de la mayoría de los países de Europa. “En nuestros países ha durado mucho más de lo que ha durado en otras regiones. Acá llevamos cinco meses en aumento”.

En Argentina se registró la primera muerte por covid en esta región, el 26 de febrero, Luego, las fuertes medidas restrictivas para la movilidad parecieron controlarla.

Miró cuenta que la pandemia llegó a los pocos meses de que Alberto Fernández llegara a la presidencia, y al principio, la popularidad del peronista ayudó a conglomerar a la sociedad para hacerle frente. Incluso, los principales periódicos del país publicaron en marzo la misma portada: “Al virus lo vencemos entre todos”.

“Al principio la sensación era como si estuviéramos en una guerra y todos estuviéramos en el mismo bando. O lo mismo cuando hay un mundial de futbol”, dice Miró.

Sin embargo, con el paso de los meses, los sectores empresariales y los grupos ligados a la derecha promovieron marchas vehiculares, donde los automovilistas tocaban el claxon mientras recorrían la ciudad. El propósito era cuestionar la política de salud y también urgir al gobierno para reactivar la economía. Hasta el momento en Argentina ha habido más de 325 000 despidos formales.

Bolivia: el colapso funerario

A diferencia de Europa, América Latina tuvo tiempo para prepararse para la llegada de la pandemia. Algunos países buscaron aumentar la capacidad hospitalaria y capacitar médicos, para no colapsar los sistemas de salud. Así lograron sobrellevar la titánica tarea. Pero no todos lo lograron.

El periodista boliviano Pablo Ortiz cuenta que la capacidad hospitalaria de ese país de 11 millones de habitantes quedó rebasada en mayo.

“Hubo mucha gente en Cochabamba que murió en su casa, porque nadie iba a buscarlos y los familiares sacaban los cuerpos a la calle. También colapsó el sistema funerario de Cochabamba, porque no había suficiente capacidad para enterrar o cremar la gente que se iba muriendo”.

Bolivia es el segundo país con menos camas y equipamiento médico del continente. Ortíz explica que, a la hora de hacer frente a la epidemia, había un problema estructural en el sistema de salud. Hasta el momento, el país andino tiene más de 106 mil casos confirmados de covid-19, con una curva ascendente de contagios.

Pero Ortiz explica: “Estamos en una situación de poco control con lo que está pasando con la pandemia e incluso con poca capacidad para registrar la cantidad de casos que hay en el país”.

El periodista cuenta que incluso que hay miles de pruebas de PCR sin procesar. “Tenemos casi 100 000 positivos y 16 000 pruebas que no se han procesado por falta de insumos”.

Además, se han develado dos casos de aparente corrupción. Uno relacionado con la compra de ventiladores para casos graves que no sirvieron y otro con la compra de 600 000 pruebas PCR con sobreprecio.

Bolivia fue uno de los primeros países en tener un aislamiento estricto, incluso con la declaración de toque de queda, por lo que la gente sale a la calle de 5:00 de la mañana a 5:00 de la tarde.

“La cuarentena se hizo de una manera muy rígida, eso se fue diluyendo por los problemas del gobierno para enfrentar las carencias. Hay mucha gente en la calle con pocas medidas de seguridad, con mucha gente tratando de ganarse unos pesos. También hay mucha automedicación”, explica Ortiz.

En Bolivia, además, hay constantes manifestaciones debido a las prórrogas del gobierno provisional para realizar elecciones.

Perú: la tormenta perfecta

De los 10 países con más casos confirmados en el mundo, cinco son latinoamericanos. Brasil encabeza la lista, con más de tres millones 500 000 contagios y 112 000 muertes. El número tan alto se debe, en gran medida, a que Brasil es el país más habitado del cono sur.

Pero la semana que concluye este viernes 21 Perú, con una población de 32 millones de personas ocupó el sexto puesto en la tabla mundial, con 567 000 casos. Perú supera a México que tiene una población cuatro veces más grande. De hecho, es el segundo país con más muertes por cada millón de habitantes: 818, solo superado por Bélgica.

El defensor de derechos humanos, Javier Mújica, relata un país situado en el epicentro de una tormenta perfecta: “Una crisis sanitaria de un alcance enorme, que enfrenta una explosión de contagios y decesos motivada por la confluencia de la resistencia de las personas a acatar las medidas de confinamiento, urgidas por procurarse ingresos de sobrevivencia en un país en el que la mayor parte de la economía opera en el sector informal”.

El abogado laborista explica que 70 por ciento de los habitantes de Perú trabaja en el sector informal. La crisis económica generada por la pandemia ha provocado “quiebras masivas” en sectores de comercio y servicios, que son los rubros más importantes del país.

A eso se agrega que el sistema salud pública tiene una de las tasas de inversión más bajas en la región (2,3 por ciento del PIB y menos de 300 dólares por persona por año) y que el país tenía un déficit de 16 mil médicos antes de la pandemia.

Colombia: el costo de abandonar la salud pública

Otro país que este mes va subiendo aceleradamente su número de contagios es Colombia, el octavo país con más enfermos de covid en el mundo. El crecimiento de contagios ha sido exponencial: A principios de junio tenía 40 000 casos; esta tercera semana de agosto rebasó el medio millón.

Anderson Ortiz trabaja con comunidades en Medellín y explica que su país está pagando las consecuencias de abandonar el sector de salud, que se encuentra en manos del sector privado, “donde las ganancias del sector van a ámbitos no sociales”.

A finales de marzo el presidente Iván Duque decretó una cuarentena obligatoria en todo el país, pero después de 35 días el país abrió parcialmente. Ahora, en un punto de muchos contagios muchos negocios están abriendo. Y no se ha logrado una estrategia que equilibre las pérdidas económicas con las pérdidas humanas, dice Ortiz.

“La cuarentena ha sido casi un juego”, concluye.

(IPS) José Ignacio De Alba

 
Pandemia puede doblar pobreza extrema y causar crisis alimentaria en Perú

La crisis causada por la pandemia de la COVID-19 puede devenir en una crisis alimentaria provocada por un fuerte repunte de la pobreza, que en Perú devolvería al país ocho atrás con unos cuatro millones de personas nuevamente en esa condición de la que habían logrado salir en los últimos años.

La pobreza puede pasar este año del 20,2 % al 32 %, lo que equivale a más de 10,2 millones de peruanos; y la pobreza extrema doblarse de 2,9 % a 6 %, lo que supone casi 2 millones de personas que ganarían menos de 187 soles (52,40 dólares) mensuales, el mínimo indispensable para poder alimentarse en Perú durante un mes.

Así lo estimó este miércoles el profesor del departamento de economía y planificación de la Universidad Nacional Agraria de La Molina (UNALM), Miguel Ángel Alcántara, con base en los datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que prevé una caída del 13 % del producto interior bruto (PIB) de Perú para 2020.

En una videoconferencia sobre "Hambre y seguridad alimentaria en el contexto COVID-19", organizada por el Consorcio de Investigación Económica y Social (CIES), Alcántara apuntó que la pobreza extrema puede alcanzar este año hasta el 22 % de la población rural y al 2 % de la población urbana.

De cumplirse estos cálculos, sería la segunda vez en este milenio que sube la pobreza en Perú, después de que en 2017 se rompiese un ciclo continuado de descenso desde 2001.

"Lo más preocupante de este problema es que el año pasado ya hubo un aumento de la pobreza extrema en las ciudades. Esa es una primera señal de alarma", apuntó Alcántara.

DÉFICIT CALÓRICO CRECIENTE

El también coordinador de la Maestría de Nutrición Pública de la UNALM advirtió que aún más alarmante que el índice de pobreza extrema es el déficit calórico trimestral, que marca que a finales de 2019 el 29 % de los peruanos (más de 9 millones) no se alimentaba adecuadamente, y la mayoría de ellos se encuentra en las ciudades.

"Estamos ante un problema urbano", dijo Alcántara, que no tiene aún un cálculo de cuánto se puede elevar el déficit calórico por la pandemia. "Esa cifra va a tender aumentar, porque también es inversa con el crecimiento económico. El riesgo de caer en una crisis alimentaria es real, como ya lo ha manifestado la FAO", advirtió.

"Es bastante preocupante porque exige una serie de medidas multisectoriales para revertir esta situación de inseguridad alimentaria que es consecuencia de la pandemia", agregó.

POBREZA URBANA MÁS DURA

Por su parte, la exministra de Desarrollo e Inclusión Social de Perú, Paola Bustamante, que condujo la conferencia, recordó que "hay una diferencia enorme en cómo la pobreza golpea al mundo rural y al mundo urbano.

"Aunque la pobreza monetaria puede ser mayor en porcentaje en el mundo rural, tienen algo con qué alimentarse. Sin embargo, la pobreza urbana es mucho más dura", recalcó Bustamante.

Asimismo, el viceministro de Políticas Agrarias del Ministerio de Agricultura y Riego, Alberto Maurer, destacó que la pandemia "ha sacado a la luz una debilidad de la seguridad alimentaria del Perú muy severa, pues entre el 30 y 35 % de los hogares no tienen refrigerador".

"Eso obliga a salir del hogar para conseguir alimento y el hambre está incrementando el contagio de esta enfermedad", señaló.

ASISTENCIA Y BONOS

Sobre las soluciones para evitar esta crisis alimentaria, Maurer abogó por una asistencia alimentaria inmediata a través de programas estatales, especialmente para recuperar la agricultura familiar, y continuar con los bonos entregados por el Gobierno para paliar el agudo descenso de ingresos de las familias más vulnerables.

"Estamos en medio de la peor crisis de la historia del Perú. Es una crisis sanitaria que ha obligado a poner en un estado de coma inducido la economía para tratar de paliar el efecto del virus y disminuir su distribución", recordó.

En ese aspecto, el presidente del Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES), Fernando Eguren, valoró los programas emprendidos por el Gobierno pero consideró que "son limitados en cuanto a cantidad de dinero" y también fue escéptico en su eficacia, "por más voluntad que se tenga".

CAMBIOS ESTRUCTURALES

Eguren planteó cambios estructurales de las políticas públicas más allá de estas medidas inmediatas, porque a su juicio ya no vale continuar con lo mismo bajo el argumento de que ha habido diez años de éxito económico.

"Se acabó la idea de que el progreso es infinito, lineal y continuo, porque no se ha tomado en serio lo del cambio climático, cuyos impactos van a ser mucho más graves y permanentes y para los cuales no existen vacunas", concluyó.

Al respecto, el director del Ethos Public Policy Lab de México, José Luis Chicoma, también fue cauto ante la capacidad del Estado de proponer una solución integral, especialmente en este periodo de emergencia y destacó la necesidad de prorrogar en Perú la moratoria contra los cultivos transgénicos.

"Me sorprende que no haya habido una respuesta coordinada. En el futuro debería haber este concepto interministerial que coordine todas la políticas. La alimentación no solo depende agricultura y salud", apuntó.

SINERGIA PRODUCTORES-CONSUMIDORES

Por último, el coordinador de proyectos de seguridad alimentaria y desarrollo rural de la FAO en Perú abogó por el acercamiento de los productores a los mercados y a fortalecer esa interconexión para que se genere una sinergia entre lo urbano y lo rural.

También propuso respaldar la multitud de ollas comunes que en las zonas y barrios más pobres de las ciudades de Perú han surgido como una iniciativa comunitaria para combatir el hambre. "Ahí son claves los hábitos alimentarios", sentenció.

EFE

 
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Perú suma en seis meses de pandemia más de 70.000 muertos, un número superior a las víctimas que, durante veinte años (1980-2000), dejó la sanguinaria violencia del conflicto armado interno caus [ ... ]


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Créditos: Eylen Jalilíe