Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Lunes, 27 enero 2020
Informe Especial
Cepal: Desigualdad es causa estructural del malestar en América Latina

La desigualdad es la causa estructural del malestar social en la región. Por ello, necesitamos avanzar de la cultura de los privilegios a la cultura de igualdad y la inclusión social, afirmó Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, en el Foro Económico Mundial 2020 que culminó este viernes 24 en Davos, Suiza.

La alta funcionaria de las Naciones Unidas participó durante la semana en diversas sesiones del Foro global, en las que abordó el origen y la persistencia de la desigualdad en los países de la región, así como el impacto que, asociada al bajo crecimiento, esta tiene en el desarrollo, la innovación, la inclusión y la productividad.

También subrayó la importancia de la inversión pública y privada para potenciar la diversificación productiva, la infraestructura y la integración regional.

“Las protestas en la región tienen un hilo común que es la desigualdad y pueden convertirse en una oportunidad para el cambio social. A partir de las movilizaciones hemos visto cómo algunos gobiernos han accedido a avanzar en mejoras estructurales a bienes públicos esenciales, como salud, educación, pensiones y transporte”, afirmó Alicia Bárcena durante una intervención en la sesión sobre Cómo convertir la protesta en progreso (How to Turn Protest into Progress), celebrada el jueves 23 en Davos.

Junto a la secretaria ejecutiva de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), participaron en el panel Craig Francourt, de Global Shaper, Victoria Hub; Micah White, activista y cocreador de Occupy Wall Street, y William F. Browder, director general de Hermitage Capital Management. La sesión fue moderada por James Harding, cofundador y editor de Tortoise Media.

Durante su intervención, Bárcena subrayó que hay un desencanto social que se manifiesta principalmente en los más jóvenes de la región, debido a que se generaron expectativas que no han sido cumplidas.

Asimismo, destacó la importancia del respeto por los derechos humanos y el derecho a la protesta, y llamó a construir nuevos pactos sociales con miras a garantizar el bien público.

“Muchos países no contemplan el derecho a la protesta. En las Naciones Unidas defendemos los derechos humanos, la igualdad, la justicia y las voces de los que no tienen voz”, señaló.

La máxima representante de la Cepal participó también en una sesión titulada América Latina: Respondiendo a las nuevas expectativas (Latin America: Responding to New Expectations) donde enfatizó que la gran fábrica de la desigualdad en la región es la enorme heterogeneidad estructural.

Por ello, dijo, es urgente avanzar en la construcción de Estados de Bienestar, basados en derechos y en la igualdad, que otorguen acceso a protección social y a bienes públicos de calidad, como salud y educación, vivienda y transporte.

Alicia Bárcena advirtió sobre el crecimiento de los estratos de ingresos medios en la región, que continúan experimentando diversas carencias y vulnerabilidades, tanto en relación con sus ingresos como en el ejercicio de sus derechos.

“El 76,8% de la población de la región pertenece a los estratos de ingresos bajo y medio-bajo, que vive con un ingreso inferior a tres líneas de pobreza”, alertó.

Precisó que a 2017, más de la mitad de la población adulta (52%) de los estratos medios no había completado 12 años de escolaridad, mientras que el 36,6% tenía ocupaciones con un alto riesgo de informalidad y precariedad. Además, el 44,7% de las personas económicamente activas de los estratos medios no están afiliados o no cotizan en un sistema de pensiones.

“Es urgente avanzar hacia una cultura de la igualdad en la región a través de políticas universales de inclusión social y laboral que contribuyan a aumentar las capacidades humanas, la productividad y el crecimiento económico, a la vez que instalan una cultura de derechos y de ciudadanía social”, concluyó.

Las actividades de la Secretaria Ejecutiva de la Cepal en el Foro Económico Mundial 2020 incluyeron una serie de reuniones bilaterales y otras actividades públicas y privadas.

En varias de ellas, Alicia Bárcena abordó los alcances del Plan de Desarrollo Integral para El Salvador, Guatemala, Honduras y el sur-sureste de México, una propuesta innovadora que busca crear un espacio de desarrollo sostenible estimulando el crecimiento económico, promoviendo el acceso universal a los derechos sociales, impulsando la resiliencia al cambio climático y garantizando los derechos durante todo el ciclo migratorio.

Este artículo fue publicado originalmente por la Cepal.

(IPS) Crédito:FEM

 
El ejemplo de los más pobres

La actitud asumida por cientos de personas que acudieron, prestas, para donar sangre que requerían, con urgencia, las víctimas del trágico accidente de un camión-cisterna que transportaba gas licuado de petróleo, en Villa el Salvador, es digna de todo encomio. La explosión fue tremenda, tal como si hubiera caído una bomba de neutrones, dejando el doloroso saldo de muertos y heridos, todos ellos provenientes de hogares de pocos recursos económicos.

Dicho gesto, que habla mucho de la nobleza de la gente humilde del país, tiene las mismas características del protagonizado, días antes, por un adolescente, de nombre Juan Zuleta Gómez, que sobrevive con los escasos recursos dinerarios, que recibe como pago por la limpieza y el cuidado de vehículos, en la Urbanización Apolo, en el populoso distrito de La Victoria. Este joven abandonado por sus mayores y por la propia sociedad, fue aquel que expuso su integridad física para salvar la vida de una mujer, a quien su conviviente Julio César Rojas Mogollón, estuvo apunto de quemar viva, luego de rociarla con gasolina.

Uno y otro caso son sinónimos de la auténtica solidaridad, que identifica a las personas con sensibilidad por el dolor ajeno. No buscan recompensa de ninguna clase, no están detrás de premio alguno, mucho menos de figuración en las planas de los diarios ni de los programas radiales o televisivos. Sus vidas transcurren con idéntico comportamiento, con frecuencia intercambiando inclusive el pan de cada día. He sido testigo personal de esta forma de ser de los que son materialmente pobres, pero ricos espiritualmente. Los he visto levantar, mediante el trabajo comunitario, allá por los años 60, extensas escaleras de piedra y cemento en barrios desheredados como El Agustino y La Victoria, he observado la construcción de sus viviendas, primero de esteras, cartones y latones, para después transformarlas con material noble en San Martín de Porres, Comas, Independencia, Villa María del Triunfo, San Juan de Miraflores, entre otros lugares. La ayuda mutua, generosa y gratuita marcaba la diferencia con lo que ocurría en las zonas urbanas. Estas obras se han dado, igualmente, en lo referente a pistas y veredas, en aquellos espacios ocupados por gente emprendedora, que recortaban sus gastos de necesidad inmediata, para aportar en la transformación de los servicios públicos.

Es cierto que con frecuencia, en medio de esta labor silenciosa, aparecían y continúan haciendo lo mismo, personas explotadoras, traficantes de la necesidad ajena, que utilizando mil mañas, se aprovechaban (se aprovechan) de la buena intención de la gente humilde para estafarlos. Es cierto, igualmente, que han sido numerosos los políticos que jugaron con sus anhelos de una vida mejor. Tengo presente el caso de uno de ellos que llegó en el presente siglo a la desvergonzada autoproclamación de considerarse el pionero de esas escaleras construidas en los cerros limeños. Una enorme mentira, falso de toda falsedad. El trabajo comunitario de la gente sin recursos económicos tiene una larga data. El caso del barrio de Letícia, en las faldas del Cerro San Cristóbal, en el Rímac, es ejemplo de lo relatado, tiene fecha muy antigua, desde inicios de los años 40 del siglo pasado.

Lo acontecido, en estos años de cambios políticos, nos anima a creer que más temprano que tarde, el sentimiento de solidaridad, verdadera, auténtica, se constituirá en actitud permanente entre los peruanos. Le dará espacio inmenso a una larga tradición que debe volver a brillar en toda su magnitud. Esto porque lo esencial de la vida comunitaria y lo mas relevante de vida social, es la solidaridad. Esta ha permitido y debe permitir la igualdad soñada, entre todos los miembros de la nación, sin exclusión, sin olvidos, sin discriminaciones. Es cuestión  que todos nos identifiquemos como partícipes por igual de los avatares de la existencia, de las aspiraciones. La solidaridad brota de los elementos compartidos, por el mismo hecho de saber que somos seres humanos. Pero más allá de esto, debe existir un sentimiento de respeto recíproco, de afecto, sentimiento que comienza como búsqueda desinteresada del bien del otro, con abandono del egoísmo. Soy consciente que todo lo expresado tiene su capa de ilusión, de utopía, que, sin embargo, se ha logrado en nuestro propio suelo, con culturas anteriores a la nuestra, al igual que en otras latitudes, donde la solidaridad ha dado a luz una sociedad diferente, humana en toda la extensión de la palabra.

Roberto Mejía Alarcón

 
No hay que dejarse ganar por el pesimismo

La frustración es visible entre los electores que concurrirán el cercano 26 de enero a las elecciones convocadas para rehacer la representación popular ante el Congreso de la República. Existe desgano, un sentimiento que linda con la decepción, con la desilusión, por la aparente ausencia de personalidades políticas en capacidad de legislar, en el breve periodo de casi año y medio. De los conocidos por haber ocupado una silla curul, es muy poco lo que se puede decir, salvo escasa excepción. De los no conocidos, no se ha dado el caso de alguien que haya destacado, hasta ahora, por sus ideas o por la exposición de las mismas. Al menos si se toma en consideración los resultados de los debates organizados por el Jurado Nacional de Elecciones o por las intervenciones emitidas a través de los medios de comunicación. ¿Habrá un destape posterior, que le obsequie al electorado el beneplácito de su elección? Esta es una interrogante propia de los misterios de barrio chino.

La ausencia de propuestas puntuales concernientes a materias de la magnitud de reforma políticas y electorales, del fortalecimiento del sistema de justicia y de lucha contra la corrupción, son algunas de la causales del derrotismo que se observa en la epidermis de la decisión que, sí o sí, deberá adoptar el ciudadano, en particular aquel que forma parte del conglomerado de gente a pie. El problema anotado hace peligrar la concurrencia masiva de los electores, quienes sí se dan tiempo en este último caso, para participar de las elecciones generales. De la misma manera, la frustración existente suscitada por la orfandad de nuevas figuras, con brillo propio, en la ciencia y, porqué no, arte parlamentario, está dando lugar a una creciente voluntad de ausentismo, el mismo que podría dar lugar a un problema mayor. Interpretamos ausentismo con abstencionismo, que constituye no acudir al acto electoral, simplemente porque no se espera mucho del resultado, porque los políticos y los partidos han dejado de tener credibilidad. Sencillamente porque abstenerse significa que el ciudadano considera que su presencia es una pérdida de tiempo, debido a que los candidatos no son dignos de su elección, entre otras cosas porque carecen de ideas, están animados por intereses particulares y no por los más acuciantes problemas sociales y económicos que sufre el pueblo. A esto habría que agregar un nuevo fenómeno, conocido como la democracia de opinión, consecuencia de los enjuagues entre los grandes grupos de poder mediático y los grupos de poder económico, que pese a las restricciones existentes de financiamiento bajo la fórmula del secretismo, aplican las mejores mañas para darle cobertura periodística con artículos de opinión y entrevistas, a los candidatos que saben que actuarán bajo sus consignas. Aquí no existe el juego limpio de ideas y, tampoco, el intercambio de ideas contrapuestas, mucho menos el ejercicio limpio, imparcial, de lo que realmente se conseptúa como comunicación social.

Tal el ambiente político de actualidad. Pero que se debe superar, lo cual significa no caer en el derrotismo que constituye hacerse el desatendido en un deber que a todos nos toca. La tendencia a provocar el desaliento con posturas pesimistas hay que dejarlas de lado, porque se trata de una postura que ayuda a los enemigos de una democracia real. Hay que fortalecer, en cambio la moral ciudadana, aquella que pone en práctica una participación elocuente pero cuidadosa. Este es el nuevo camino para salvar al país de estos recientes desastres políticos. Digamos a una sola voz: ¡Nunca más!.

Roberto Mejía Alarcón

 
Un periodista llamado Albert Camus

Ahora que se celebra el 60 aniversario de la muerte de Albert Camus es oportuno rescatar una de sus facetas biográficas menos conocida.

Escritor, pensador, dramaturgo, ensayista, premio Nobel de Literatura en 1957, el nombre de Albert Camus aparece ligado sobre todo al mundo literario, pero no hay que olvidar que ejerció el periodismo en varias etapas de su vida. Camus entró en el oficio con tan solo veinticinco años en Argelia, su tierra natal.

Trabajó como periodista en cinco cabeceras. Las dos primeras en Argel: Alger Républicain y Le Soir Républicain, desde 1938 hasta 1940. Allí se encuentran probablemente, como ha señalado Jean Daniel, algunas de sus mejores producciones periodísticas, como la serie de reportajes «Miseria de la Cabilia», publicada por episodios del 5 al 15 de junio de 1939, exponente del periodismo de investigación donde denuncia las condiciones de vida infrahumanas de la población de Cabilia. Durante diez días recorre a pié y en autobús esta zona. Tiene el mérito de interesarse por una región olvidada, ignorada por el resto de la prensa de Argel. Va allí donde nadie le espera, para descubrir lo que se silencia. Un buen ejemplo de lo que debe ser la misión del periodismo: desvelar las realidades sociales silenciadas o invisibles.

Territorios ignorados

Hoy como ayer sigue habiendo territorios ignorados por los medios de comunicación. El joven periodista Albert Camus penetró en esos territorios, encontró y habló con sus gentes. Informó sobre los oprimidos, los humillados, sobre la situación de los “sin voz”, denunciando la explotación y la miseria en que vivían. Aquí se encuentra la génesis de la obra posterior de Camus, quien, como un Don Quijote, denuncia incansablemente las injusticias cuando se enfrenta a situaciones que lo sublevan.

Esa sensibilidad social y ese compromiso le venían probablemente de su fidelidad a su origen familiar, muy modesto.

Conoció la miseria en su barrio obrero de Belcourt, Argelia. Allí vivía con su madre, una mujer sencilla, que no sabía leer ni escribir, limpiadora en fábricas y casas, pero con un gran sentido de la dignidad, y su abuela, que había inmigrado de un pueblo de Menorca, San Lluis.

A su madre analfabeta le dedicó su obra inacabada «El primer hombre». Una mujer que trabajó con abnegación para sacar adelante a la familia, ya que su marido, Lucien Camus, murió en la I Guerra Mundial. De su madre española aprenderá a desconfiar de los centros de poder. Cuando él le comenta que ha sido invitado al palacio del Elíseo, ella le responde: “Hijo, no vayas. No es un sitio para nosotros”. Y la cuestión queda zanjada. Camus nunca irá al Elíseo.

Cuando las autoridades argelinas cierran el diario Le Soir Républicain el 10 de enero de 1940 –periódico que sucede a Alger Républicain durante un año–, tras una tenaz lucha con los censores, Camus se convierte en persona non grata en Argelia y decide trasladarse ese mismo año a París. Su pacifismo a ultranza, y sus denuncias del fascismo molestan.

Gracias a su amigo y mentor, Pascal Pia, encuentra trabajo como secretario de redacción en Paris-Soir. Poco después, en otoño de 1943, entra a trabajar en el mítico diario Combat, órgano de la Resistencia. Primero lo hace como colaborador en la clandestinidad, jugándose la vida, y más tarde como redactor jefe y editorialista, de 1944 a 1947, encarnando la voz de la Resistencia sobre las reformas democráticas que debía acometer el país. Dejó escritos editoriales memorables y valientes, a veces a contracorriente de las opiniones dominantes, como su denuncia de la barbarie que supuso el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, editorial publicado el 8 de agosto de 1945.

La España del exilio

En sus editoriales en Combat, disponibles en una rigurosa edición realizada por Levi-Valensi, critica los nacionalismos, toda clase de totalitarismos, así como el dogmatismo.

Su oposición al fascismo la plasmó en una serie de editoriales que nos invitan a reflexionar hoy ante el ascenso de la extrema derecha en Europa.

Fiel defensor de la República española, y de la causa de los republicanos hasta su muerte, escribió numerosos editoriales y artículos exigiendo la vuelta de España a la democracia. Simpatizó y apoyó sin descanso a los exiliados españoles, que le consideraban “uno de los nuestros”.

En uno de los homenajes que estos le rindieron en París tras obtener el galardón del Nobel en 1957, Camus les dijo:

“La España del exilio me ha mostrado con frecuencia una gratitud desproporcionada. Los exiliados españoles han combatido durante años y luego han aceptado con coraje el dolor interminable del exilio. Yo solo he escrito que tenían razón. Y por eso he recibido durante años, y todavía percibo esta tarde en sus miradas, la fiel y leal amistad española, que me ha ayudado a vivir. Esta amistad, aunque sea inmerecida, es el orgullo de mi vida”.

Su último adiós al periodismo fue con una columna en L'Express, donde colaboró durante un año en 1955, escribiendo especialmente sobre la crisis de Argelia, una problemática que le desgarró. Siempre a contracorriente, Camus defendía la opción de una Argelia francesa, una postura incomprendida por la mayoría de la izquierda francesa que apoyaba la independencia.

En muchas otras cuestiones el tiempo le ha dado también la razón. En su célebre polémica con Sartre en relación con la existencia de los gulags en la Unión Soviética, Camus, tratado de filósofo de segunda clase por el autor de El ser y la nada, acertó y supo vislumbrar los males que el comunismo acarreaba.

Influencia en su obra literaria

El ejercicio del periodismo, la confrontación con la actualidad, influyeron notablemente en su obra literaria. Puede observarse, por ejemplo, en el estilo narrativo sobrio y periodístico de El extranjero, donde su experiencia como cronista judicial en los años de Argel Républicain y Le Soir Républicain asoman en el proceso a Mersault. O en sus guiños al periodista comprometido, Rambert, en La Peste, obra que es una alegoría contra el nazismo y contra todos los totalitarismos.

Camus fue periodista a tiempo completo en breves periodos, vividos con una gran intensidad. Practicó diversos géneros periodísticos: desde el reportaje, hasta la crónica judicial –en sus inicios–, pasando por el editorial y la columna –cuando ya es un reconocido escritor comprometido–.

Precursor en la reivindicación deontológica de los medios de comunicación, construyó toda una teoría crítica de la prensa. Camus detestaba la prensa sensacionalista, ponía en solfa el ansia de instantaneidad de la información, alertaba de las falsas informaciones y de la dictadura de la audiencia… pero amaba el periodismo con pasión. Escribió: “Lo importante no es ser el primero, sino el mejor”. Defendió en sus editoriales un periodismo libre, crítico, e independiente. Y lo practicó. Un periodismo como pilar de la democracia.

Albert Camus es un referente para el ejercicio de la profesión periodística por su concepción exigente del oficio, basada en el rigor en la búsqueda de la verdad, en la independencia y la honestidad intelectual. En los textos periodísticos de Camus encontramos no sólo denuncias ante la barbarie, el terrorismo, y las víctimas, sino también un porfiado combate contra las injusticias y las desigualdades sociales. Sus artículos siguen resonando en nuestras conciencias contemporáneas.

Periodismo como resistencia

En el contexto actual teñido por las protestas sociales, expandidas por todos los rincones del planeta, frente a los desenfrenos del neoliberalismo y el capitalismo salvaje, que dejan a tantos sectores de la población en la cuneta, releer hoy los textos periodísticos de Camus puede servir de manual de resistencia.

Frente a la corrupción que mina la vida pública en muchos países, el autor de El hombre rebelde ya preconizó la importancia de la moral en la política. Hoy más que nunca, frente al ascenso de las fake-news, su lema “Resistir es no consentir la mentira”, indica el camino del periodismo rebelde.

Y apela a la responsabilidad social de los periodistas en el uso del lenguaje como instrumento de consenso para el diálogo: “Nombrar mal las cosas es añadir desgracias al mundo”.

En un editorial de 31 de agosto de 1946 señalaba un ambicioso objetivo: “Liberar a los diarios de las servidumbres del dinero y darles un tono y una verdad que pongan al público a la altura de lo mejor que hay en él”.

Lo singular de la obra de Albert Camus, tanto literaria como periodística, por lo que sigue siendo tan contemporáneo, reside en la unidad y coherencia de su pensamiento, en su búsqueda de la comprensión del mundo, en su sensibilidad y empatía social respecto de los oprimidos, en su denuncia del sufrimiento del inocente y, en definitiva, en su firme voluntad de ser un hombre libre.

La obra periodística de Camus sigue siendo un faro para la práctica del mejor periodismo.

Fuente: theconversation.com/

 
Derechos humanos en Nicaragua retrocedieron 42 años con Ortega, según ONG

MANAGUA.- La situación de los derechos humanos en Nicaragua retrocedió 42 años bajo la presidencia de Daniel Ortega, quien se mantiene en el poder desde 2007, informó la Fundación Violeta Barrios de Chamorro.

El señalamiento lo hizo la presidenta de la Fundación, Cristiana Chamorro, durante la conmemoración del aniversario número 42 de la muerte de su padre, el periodista y héroe nacional Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, asesinado el 10 de enero de 1978 por reclamar el restablecimiento de las libertades públicas al Gobierno del dictador Anastasio Somoza Debayle.

"Mi papá, por encima de todo, murió pidiendo la unidad de Nicaragua en contra de la dictadura, de la represión, de la violación de los derechos humanos, hay que rescatar ese legado, y lamentablemente, 42 años después, estamos en lo mismo", dijo Chamorro, a periodistas.

Chamorro Cardenal (1924-1978), periodista que marcó un hito en la historia de Nicaragua, demandó sus ideales desde las páginas del diario La Prensa, que actualmente sufre un embargo de materias primas por parte del Gobierno de Ortega.

"Estamos en un momento donde la represión, donde la libertad de expresión, como siempre, es una de las libertades más asediadas, más acosadas", agregó Chamorro.

Ortega es responsabilizado por la muerte de entre 328 y 651 personas desde el levantamiento popular en su contra, en abril de 2018.

El Gobierno de Nicaragua también es señalado por la Comisión Interamericana de Justicia (CIDH) y la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh), de realizar ejecuciones extrajudiciales, torturas y violaciones sexuales, entre otros crímenes "de lesa humanidad".

"Estamos en la misma situación que hace 42 años, la mayoría de nicaragüenses tal vez no ha oído hablar de él (Chamorro Cardenal), de su pensamiento, pero si se vuelve a escribir, es actual, como si ahora estuviera ocurriendo", afirmó el director del diario La Prensa y hermano del llamado "mártir de las libertades públicas", Jaime Chamorro.

Actualmente en Nicaragua las libertades de expresión y prensa, así como los derechos de reunión, organización y movilización, están restringidos por el Gobierno nicaragüense, a pesar de que la medida contradice la Constitución.

Para el periodista Carlos Fernando Chamorro, también hijo del héroe nacional y dueño de un grupo de medios confiscados por el Gobierno a fines de 2018, este retroceso es una derrota para Ortega.

"Hay una derrota moral y política que tiene que ver con esa vigencia de las libertades, necesitamos que el pueblo regrese, que recupere todas sus libertades en las calles, en todos los medios posibles, para ejercer la presión y salir de la dictadura", sostuvo.

El asesinato de Chamorro Cardenal es visto como "el inicio del fin" de la dictadura somocista, que cayó en julio de 1979, con la revolución popular que llevó a Ortega al poder.

 
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