Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Sábado, 18 noviembre 2017
Informe Especial
Periodismo: Tiempos peligrosos


Marzo, pero 24 grados en Valencia. En el Patio de los Naranjos de Las Naves unas 100 personas conversan en torno a mesas, o sentados en el suelo. Alguno se ha descalzado. Varios miran ordenadores y la mayoría charla animadamente. Son parte de los 1200 profesionales de internet, activistas y expertos en privacidad que ha convocado el Internet Freedom Festival estos días en la ciudad.

Se oye mucho inglés con acentos y el tema común es la seguridad, los derechos y cómo seguir construyendo esta internet sin cerrar espacios y protegiendo la privacidad. En el patio hay un altavoz, alguien pone música y suena una curiosa mezcla de música latina, disco y ritmos africanos a la que nadie parece hacer caso. Estoy esperando a Tom Lowenthal, tecnólogo del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), organización que acaba de presentar un informe especial, TheBestDefense: Threatstojournalists’ safety demandfreshapproach (La mejor defensa: las amenazas a la seguridad de los periodistas exigen un enfoque nuevo).

El informe, que sólo está en inglés, dice que el colapso de las viejas estructuras políticas, el aumento de grupos armados, el fracaso de los gobiernos occidentales ante regímenes represivos y la disrupción en la industria de los medios de noticias provocada por la tecnología han conformado un escenario amenazante para el periodismo global desde los años 90.

Según el CPJ, los periodistas nunca hemos sido tan vulnerables. ¿Es realmente así? Lowenthal envía un mensaje a través de Signal, dice que se retrasa porque estaba en el otro patio. Las Naves tienen muchos espacios donde los asistentes se reparten en distintas sesiones. Es curioso que este año ya nadie te da su email sino su número de móvil porque es como agregas a gente a esta app, una de las más seguras y recomendada por el mismísimo Edward Snowden. Mientras espero abro Twitter y leo que Signal ya no es seguro: Wikileaks acaba de publicar que la CIA ha conseguido comprometerla, a través de malware en un dispositivo.

Buscamos dos sillas en un espacio tranquilo y pregunto a Lowenthal si realmente es cierto que los periodistas nos enfrentamos a más riesgos hoy, como dice el informe.

“Nunca antes ha sido una época tan peligrosa para ser periodista”, dice Lowenthal. Cree que es así por una serie de factores, aunque la verdad pura y dura es que los periodistas son asesinados hoy en una tasa mayor desde que el CPJ empezó a recoger datos. Desde 1992 han sido asesinados 1232 periodistas, 452 han sido forzados a exiliarse desde 2010, y el censo de 2016 revela a 459 en prisión. Parte de esto, según Lowenthal, se explica por un cambio en las dinámicas de los periodistas, por la precariedad.

“Los periodistas que pisaban una redacción en el pasado, antes de finales de los 90, como parte de organizaciones profesionales tenían el apoyo de especialistas en seguridad pendientes de ellos, por lo que cuando iban a zonas de conflicto tenían la mejor formación posible en materia de seguridad, hacían prácticas, tenían experiencia y equipos adecuados. Lo que es muy triste es que hubo un recorte de redacciones casi en todas partes del mundo, especialmente en redacciones pequeñas que se hicieron aún más pequeñas, y el grupo de los freelancers se ha salido de proporción. Eso significa que esta gente trabaja en zonas de riesgo sin apoyo, sin contactos de emergencia, sin equipos, sin expertos que puedan asistirlos y sin una buena gestión del riesgo hay más posibilidades de que resultes herido. Y cuando el riesgo son las balas, eso puede acabar muy mal”.

No es sólo que la gestión del riesgo ahora sea menor, según el CPJ. “El peligro objetivo en algunos casos ha aumentado”, explica Lowenthal. Históricamente, uno de los mayores peligros para el periodismo lo constituyen las fuerzas militares en la región desde donde reportan. Esos militares normalmente responden ante un poder ejecutivo nacional, un gobierno que pone las reglas del conflicto y les dice que no se metan con la prensa, que no hieran a periodistas. “Pero las fuerzas militares modernas como grupos terroristas o carteles de la droga no responden a ese tipo de control y tienen un enfoque diferente: ellos no ven a los medios de comunicación como parte de la sociedad que quieren tener. Están metidos en una guerra de propaganda por lo que cualquier parte que no esté de su lado en la historia merece ser asesinado”.

El recuerdo de los asesinatos en vídeo de James Foley y Steven Sotloff en 2014 vuelve y de repente el sol de Valencia se oscurece. Especialistas en seguridad para periodistas, entre ellos Tug Wilson, de The New York Times, apuntan a comienzos del 2000 como el momento en el que los periodistas que trabajaban en áreas de conflicto comenzaron a ser percibidos como targets. La invasión de Irak por parte de Estados Unidos dejó claro que “los días en que un periodista iba y venía entre bandos opuestos en una línea de batalla se han ido”, dice Wilson.

Otros riesgos: tecnología y salud mental

Catorce años después, con 40 conflictos armados activos en el mundo, y 65 millones de personas desplazadas de sus hogares, es la primera vez que los desplazamientos han sobrepasado los 50 millones desde la Segunda Guerra Mundial, y ciertamente hay más historias que nunca para contar desde lugares peligrosos. La popularización de tecnología para transmitir y recoger información y la reducción de las estructuras de las redacciones hace que cada vez más sean freelancers quienes están cubriendo conflictos.
Las amenazas físicas son visibles: puedes ver a alguien con un arma. Puedes entenderlo de una manera práctica y visceral. Pero la parte digital y psicológica son más difíciles de comprender

Ante la situación, el CPJ sabe que deben ser proactivos. Este año ha creado el Emergencies Response Team (Equipo de Respuesta ante Emergencias). El objetivo es establecer para los freelances el mismo tipo de infraestructura de la que dispone un periodista dentro de un medio, y que el ratio de muerte no se dispare tan desproporcionadamente en quienes trabajan de forma precaria.

¿Qué rol juega la tecnología en este escenario? ¿Estamos los periodistas más en riesgo por este factor?

Explica Lowenthal: “Reconocemos diferentes áreas de pericia en cuanto a protección para periodistas, pero no conforman distintas áreas de práctica. La seguridad tiene que ser holística. En el ámbito periodístico, tradicionalmente la seguridad se ha enfocado en el “seguridad física primero, seguridad informática después”. Pero esto no es una gestión de riesgo efectiva. Si planificas usar protección corporal cuando no estás teniendo en cuenta cómo el uso de tus dispositivos está revelando tu localización para que puedan dispararte, no tienes una estrategia efectiva de seguridad. Y tener en cuenta ambas cuando no estás considerando las consecuencias psicológicas de enfrentarte a tumbas masivas de personas u otras experiencias que pueden causarte stress, depresión o incluso suicidio, es, otra vez, no gestionar tu riesgo efectivamente”.

La CPJ en su informe divide la seguridad en física, digital y psicosocial, pero advierte que no están separadas y que tienen que recibir igual atención.

“Las amenazas físicas son visibles: puedes ver a alguien con un arma. Puedes entender mucho sobre el riesgo que corres de una manera práctica y visceral”, explica Lowenthal. “Pero la parte digital y psicológica son más difíciles de comprender. En sistemas de computación es difícil entender los riesgos, pero en la parte psicológica, si no te ha tocado a nivel personal o a alguien cercano, el estigma que existe alrededor de la salud mental hace que sea difícil entender los síntomas. Incluso las amenazas de muerte pueden causarte problemas mentales”.

Pienso que no he visto a muchos periodistas en este evento y pregunto a Lowenthal si los periodistas realmente somos conscientes de los riesgos que corremos.

Lowenthal cita a Jennifer Henrichsen, de la Universidad de Pensilvania, que investiga sobre la percepción del riesgo por parte de periodistas y por qué no toman medidas. Dice que lo que sucede es que el trabajo de los periodistas es hacer periodismo, y que cualquier minuto que dediquen a temas de seguridad, o protección psicológica o cualquiera de estos temas, es literalmente distracción de su trabajo. “El 80% de los periodistas de investigación norteamericanos creen que su trabajo los expone a vigilancia por parte del gobierno, pero muy pocos toman medidas con respecto a eso. Es difícil que actúen porque es un campo de habilidades diferentes, y es por eso que la protección institucional es necesaria”, concluye.

En tiempos donde la información es cuestionada tuit a tuit, el periodismo es más necesario que nunca, y todos estamos sometidos a vigilancia masiva, ¿nos podemos permitir dejar conflictos y la historia de países sin contar por no proteger a nuestros periodistas? Recuerdo lo que leí sobre Signal y pienso que saber qué sistema de mensajería segura usaremos el próximo año parece aún más lejano.

Pregunto a Lowenthal si puedo hacerle la foto y le digo que le enviaré la URL cuando publique. Después de despedirnos, abro mi ordenador y leo que algunos periodistas ya cuentan mejor la historia: el cifrado de Signal sigue siendo seguro, la CIA ha encontrado una forma de comprometer el dispositivo pero eso no puede hacerse a escala masiva dando a un botón. En el patio valenciano sigue brillando el sol.

Marilín Gonzalo

Foto internet/medios

 
Telemundo: Actores ganan voto histórico para sindicalizarse en SAG-AFTRA


Luego de más de un año de discusión entre SAG-AFTRA, -el sindicato que defiende y vela por los derechos de los actores de producciones de ficción- y los ejecutivos de Telemundo, los actores consiguieron, en un voto histórico, ser sindicalizados.
Con 112 votos de los cuales solo 21 fueron por el ‘no’ y 91 por el ‘sí’, los actores de ficción de Telemundo obtuvieron la mayoría para que el sindicato se siente a negociar con Telemundo los términos de sus contratos, derechos y beneficios laborales.

Durante las últimas semanas los actores que estaban calificados estuvieron enviando sus votos a la sede de SAG-AFTRA, y este 8 de marzo fueron contados delante de representantes del sindicato y sus abogados, como de los abogados y algunos ejecutivos de la cadena Telemundo.

Luego de verificar la veracidad de los votos, y algunas impugnaciones, ambas partes estuvieron de acuerdo con los resultados que fueron contundentes. Si bien solo se necesitaba para ganar la mitad más uno, en este caso superó más del 80% a favor del sindicato.

Al final de la elección hablamos con Pablo Azar, quien se encontraba presente en el momento de la decisión y quien fue de algún modo uno de los actores más activista intentando que esto fuera un hecho.

“Había muchos nervios, muchas ansiedad, muchas incertidumbre, porque al fin de cuentas para mí esto no era de ganar o perder, era de unificarnos a todos al gremio actoral, y darme cuenta que como actores tenemos más voz, y me da emoción saber que tenemos más del 70% de los votos… Yo no me esperaba que tuviéramos tanto apoyo porque muchos actores tuvieron miedo de hablar o de hacer pública su posición, entonces nunca sabíamos cuál era el apoyo”, nos explicó Azar.

El actor mexicano, quien en una entrevista con New York Times contó que debía manejar un UBER para cubrir sus gastos ya que su trabajo de actor no era suficiente, expresó que para él este paso dentro de la industria del entretenimiento es aún mayor.

“Para mí este es un día histórico, me siento orgulloso de formar parte de este día porque esto no es solo la representación de SAG-AFTRA en Telemundo, es un cambio grande en cómo es tratado el hispano dentro de Estados Unidos…Este proceso lo está viendo mucha gente, lo ven los medios del mundo, otros sindicatos, y que justo pase cuando hay tanta polémica con la discriminación a ciertos grupos, que demos este paso nosotros los hispanos y con el apoyo de SAG, que es la primera vez que está involucrado algo en español, creo que va a hacer que se cambien muchas cosas en el trato hacia los latinos en Estados Unidos”, concluyó.

Por su parte, Telemundo nos envió su declaración oficial sobre lo sucedido con la votación, y dice lo siguiente:
“Los resultados de la votación de SAG-AFTRA han sido reportados, y la mayoría de los actores de telenovelas ha decidido que el sindicato represente sus intereses. Si bien estamos decepcionados con este resultado, mantenemos nuestro compromiso con todos nuestros empleados y seguiremos adelante con el proceso de negociación una vez la elección haya sido certificada por el NLRB. Asimismo, ratificamos nuestro compromiso con el éxito a largo plazo de Telemundo y en hacer de Telemundo un gran lugar para trabajar”.

Recordemos que Telemundo siempre pidió que fueran los actores los que votaran para ver si querían ser sindicalizados o no, y que no fuera una negociación entre compañía y sindicato. Sin embargo, de diferentes maneras, el presidente de la cadena Luis Silberwasser, envío mensajes internos a los actores para que optaran por el ‘no’. Como el siguiente video que te compartimos hace unos meses.

Escribe: MandyFridmann/Imagen internet

 
Mujeres que no celebran su día


Esta es una historia que no debería tener que escribirse – la de cientos de millones de dadoras de vida cuya producción y productividad han sido sistemáticamente cuantificadas en pormenorizadas estadísticas, pero cuya abnegación, sufrimiento humano y denegación de derechos solo son objeto de palabras.

Es la historia de las mujeres que ven a sus hijos e hijas morir mientras huyen de las guerras, o que son secuestradas para vender sus órganos, o que fueron reclutadas como niñas combatientes.

Es la historia de esas mujeres que caen presas de traficantes que las venden como esclavas sexuales. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito informa que las mujeres y las niñas constituyen 71 por ciento de las víctimas de trata de personas.

Y es la historia de esas mujeres y niñas que se convierten en víctimas de violencia abominable perpetrada por sus familiares varones. De aquellas cuyos empleadores violan continuamente sus derechos como trabajadoras, y que incluso son asesinadas por sus parejas. En algunos países, siete de cada 10 mujeres serán golpeadas, violadas, abusadas o mutiladas durante su existencia, según denunció ONU Mujeres.

También es la historia de millones de jóvenes que se ven obligadas a contraer matrimonio y quedar embarazadas de forma precoz, y de aquellas sometidas a mutilación genital femenina (MGF).

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce esta práctica como una violación de los derechos humanos, tortura y una forma extrema de violencia. La MGF le niega a las mujeres y las niñas su dignidad y causa dolor y sufrimiento innecesarios, con consecuencias que perduran para toda la vida e incluso pueden ser fatales, recuerda el secretario general del foro mundial, Antonio Guterres.

África y la región árabe se encuentran entre los lugares donde se practica la MGF. La Unión Africana considera que es una práctica sumamente dolorosa que viola los derechos humanos básicos.

Su impacto sobre las niñas y las mujeres es multifacético y afecta a diversos aspectos de sus vidas, incluido su bienestar físico, psicológico y social, y las cicatrices persisten durante el resto de sus vidas.

Es la historia de millones de niñas sin acceso a la educación, y cuando pueden acceder, la mayoría abandona por la falta de servicios sanitarios. Un estudio realizado por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos entre 2009 y 2014 confirmó miles de ataques contra escuelas en 70 países al menos, muchos de los cuales recibieron represalias por defender la educación de las niñas.

Es la historia de casi dos tercios de los habitantes del mundo, que sufren una insuficiencia en el acceso a los servicios de salud reproductiva y de maternidad.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas hace hincapié en que el acceso universal a la salud reproductiva afecta a muchos aspectos de la vida. Tiene que ver con las relaciones más íntimas de las personas, incluida la negociación y la toma de decisiones dentro de esas relaciones, y con la interacción con los proveedores de salud con respecto a las opciones anticonceptivas.

También es la historia de muchachas muy jóvenes que son secuestradas por grupos terroristas para saciar brutalmente sus apetitos sexuales, como ha sido el caso de BokoHaram en Nigeria.

Y es la historia de las mujeres indígenas que cuidan de lo que queda de sus tierras, que custodian 80 por ciento de la biodiversidad del planeta, pero cuyos derechos y conocimientos ancestrales son ignorados e incluso desdeñados.

Es la historia de las mujeres agricultoras que producen hasta 80 por ciento de los alimentos, pero no tienen derecho a poseer sus tierras, insumos agrícolas, recursos ni pequeños créditos.

Y de esos millones de trabajadoras domésticas cuyos derechos recién empezaron a reconocerse, aunque no se apliquen lo suficiente.

Y es la historia de una creciente desigualdad. La organización no gubernamental Oxfam calcula que, de mantenerse la tendencia actual, las mujeres tardarán 170 años en conseguir la misma remuneración que los hombres, por no hablar de que la mitad de la riqueza del planeta se encuentra en los bolsillos de apenas ocho personas, todos ellos hombres.

El Día Internacional de la Mujer se conmemoró el 8 de marzo con el lema “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030.”

La ONU asegura que es “un momento para reflexionar sobre los progresos realizados, considerar cómo acelerar la Agenda 2030, impulsar la aplicación efectiva de los objetivos de la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y niñas”.

El organismo mundial fijó varios objetivos clave de la Agenda 2030:
Para el año 2030, asegurar que todas las niñas y niños completen una educación primaria y secundaria gratuita, equitativa y de calidad.

Para 2030, asegurar que todas las niñas y niños tengan acceso a una atención, cuidado y educación preescolares de calidad para prepararlos para la educación primaria.

Poner fin a todas las formas de discriminación contra todas las mujeres y niñas de todo el mundo.

Eliminar todas las formas de violencia contra todas las mujeres y niñas en las esferas pública y privada, incluida la trata y la explotación sexual y de otros tipos.

Eliminar todas las prácticas nocivas, como el matrimonio infantil, el matrimonio prematuro y forzado y la mutilación genital femenina.

La ONU también señala que el mundo laboral está en transformación, con importantes consecuencias para las mujeres.

“Tenemos la globalización, la revolución tecnológica y digital y las oportunidades que estas traen, y por otro lado, la creciente informalidad del trabajo, medios de subsistencia e ingresos inestables, nuevas políticas fiscales y comerciales e impactos ambientales, todo lo cual debe abordarse en el contexto del empoderamiento económico de las mujeres”, añade.
Todas estas palabras y buenos deseos suenan geniales.

Sin embargo, el Día Internacional de la Mujer representa, ante todo, otra bofetada en el rostro de la humanidad que todavía no puede – ¿o no quiere? – honrar debida y efectivamente a aquellas que son las dadoras de vida.

IPS/ Por BaherKamal/ Traducido por Álvaro Queiruga

Foto internet/medios

 
América Latina frente a Trump

Donald Trump hace lo que dice. Dijo se retiraría del TPP, eliminaría el Obamacare, construiría una muralla en la frontera con México y que expulsaría a los inmigrantes indocumentados. En menos de una semana de gobierno dictó las órdenes ejecutivas que implementan sus promesas de campaña. Por cierto, el nuevo presidente ha remecido a la opinión pública internacional, generando especial nerviosismo en América Latina.

El triunfo de Trump puso de manifiesto el rechazo ciudadano a la elite política norteamericana, a Wall Street y al tipo de globalización en curso. Curiosamente, el nuevo presidente, aunque rico y famoso, fue percibido por sus votantes como un hombre fuera de la elite tradicional, capaz de responder a las demandas de los trabajadores pobres de los Estados Unidos, afectados por la exportación de industrias a México y al Asia. Estará por verse.

Trump encontró el camino pavimentado para su triunfo. En su propio país, en América Latina y en el mundo. En efecto, desde la emergencia de Reagan y Thatcher, los economistas y la elite política, de derecha, social-demócrata y liberal, han aplaudido una globalización sin mediaciones. Esta ha significado ganancias netas para Wall Street, la banca y el capitalismo deslocalizado de las transnacionales, con escasos beneficios para las mayorías. Es lo que critica el actual Presidente, con un programa de reindustrialización de la economía norteamericana y recuperación del empleo.

En América Latina, hemos actuados separados frente al capital transnacional y a la deslocalización, sin una política consistente ni coordinada de cara a la globalización. Así las cosas, el nuevo liderazgo político nacional-popular y de centro-izquierda, que reemplazó al que había dirigido a nuestros países por largos años, no estuvo a la altura de los desafíos. Lula en Brasil, Vásquez en Uruguay, Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia y Kirchner en Argentina cuestionaron el neoliberalismo y se manifestaron críticos frente las posturas hegemónicas de los EE.UU. en la región. Sin embargo, no fueron capaces de construir un proyecto alternativo al sistema dominante, aun cuando, en la década 2003-2012, se contaba con una inédita expansión económica y con cuantiosos recursos provenientes de los altos precios de las exportaciones,
Pero, sobre todo, esos gobiernos progresistas no priorizaron la integración latinoamericana, y no valoraron la importancia de actuar en bloque. Lula lideró con éxito el rechazo a ALCA, que tanto interesaba a los EE.UU. Pero, Brasil no pudo, o no quiso, ejercer un liderazgo para avanzar en la integración regional. Kirchner, por su parte, concentró todos sus esfuerzos en resolver los problemas internos heredados del periodo Menem, y se embarcó en un proyecto de industrialización, de corte estrictamente nacional, lejos de los tiempos que corren, dejando de lado la política regional; más aún, dedicó buena parte de su política exterior a una beligerante disputa con Uruguay, a propósito de una planta de celulosa, instalada cerca de su frontera.

Por su parte, Correa y Evo Morales priorizaron la reformulación de sus sistemas políticos internos, lo que comprometió fuertemente sus agendas. El caso de Bolivia ha sido particularmente triste, al hacer de Chile el blanco de permanentes ataques, negando toda posibilidad de vínculos políticos y económicos. Finalmente, Chávez y después Maduro desplegaron un vigoroso activismo para acumular fuerza interna, pero con un rotundo fracaso en el ámbito de construcción económica. Al mismo tiempo, intentaron, con escaso éxito, afirmar posiciones de liderazgo en Sudamérica, con una agresiva retórica que les han significado sucesivos conflictos con varios gobiernos de la región.

En suma, una parte del liderazgo progresista que emergió en Sudamérica perdió la oportunidad de impulsar un proyecto alternativo y menos convertir la integración regional en componente sustantivo de un nuevo modelo de desarrollo. El resultado inevitable fue su pérdida de legitimidad, lo que abrió paso a una alternancia de derecha tanto en Argentina como en Brasil y a una crisis profunda en Venezuela.

Por otra parte, la institucionalidad integracionista se ha mostrado frágil y dispersa. Sólo la reciente Alianza Pacífico revela cierto vigor. Pero, el Mercosur ha mostrado inmovilismo; el ALBA, impulsada por Chávez, ha perdido dinamismo como consecuencia de la crisis venezolana; la Comunidad Andina desfallece desde hace ya largo tiempo. Entretanto de la Comunidad Sudamericana de Naciones se ha pasado al Unasur y también ha nacido el Celac, con los países de Centroamérica y El Caribe. Demasiadas iniciativas, con escasa efectividad.

Así las cosas, con escaso entendimiento entre nosotros, la incorporación de nuestros países a la economía global no ha sido efectiva. Por una parte, seguimos exportando aceleradamente recursos naturales, mientras el comercio entre nuestros países es muy insuficiente. Por otra parte, tanto en las negociaciones bilaterales como multilaterales, al actuar divididos frente a los poderes dominantes nos hemos colocado en posición de debilidad en temas determinantes de la agenda internacional. Sin embargo, a pesar de las dificultades para construir una efectiva integración regional, la unión económica de nuestros países sigue siendo un proyecto irrenunciable. Probablemente hoy día más que en el pasado porque ahora los desafíos son mayores.

El presidente Trump ha instalado un desafío de envergadura. Se desmarca de las políticas de libre comercio, que caracterizaron al gobierno norteamericano durante largos años, retira su compromiso del TPP y plantea dudas sobre su continuidad en el Nafta. Adicionalmente, exige a los inversionistas norteamericanos que vuelvan a casa con el propósito de recuperar las industrias deslocalizadas y construye un murallón contra sus vecinos del sur. No es una tarea fácil porque el capitalismo tiene una vocación global y sus empresas buscan maximizar ganancias reduciendo costos más allá de cualquier límite nacional.

El desafío que nos ha colocado el presidente Trump obliga a deponer estrechos intereses nacionales, y respetar nuestras diferencias, para construir una efectiva integración regional. Sólo así tendremos una política común reconocida y validada por todos los países de la región. Ello impedirá tratamientos diferenciados tanto en las negociaciones con terceros países como frente al capital transnacional. Y, se abrirá espacio para una indispensable reconversión productiva que agregue valor a nuestras riquezas nacionales y potencie avances conjuntos en ciencia, tecnología e innovación. Bajo estas condiciones, la apertura al mundo otorgará mayor fuerza negociadora a la región y se podrá avanzar hacia un desarrollo inclusivo, con beneficios de la globalización para el conjunto de nuestras sociedades y no sólo para el 1% más rico.

¿Será posible esta vez?

Roberto Pizarro

 
El derecho a la información muere al llegar a la ONU

La Asamblea General de la ONU le da largas a una propuesta que circula desde hace más de 10 años en los pasillos del foro mundial: la ley de libertad de información, un derecho otorgado a los periodistas dentro de una inmensa burocracia que se protege.

Lo que resulta irónico es que casi 100 países, todos miembros de la ONU, aprobaron leyes nacionales que reconocen de alguna forma el derecho a la información. Sin embargo, no parecen ser muy partidarios de extenderlo al cuerpo de prensa de esta organización.

La Ley de Libertad de Información (FOIA) de Estados Unidos, de 1967, que garantiza a la ciudadanía y a la prensa el derecho a solicitar acceso a registros de agencias federales, se considera una norma que “mantiene a los ciudadanos informados sobre su gobierno”.

Las agencias federales están obligadas a cumplir y entregar la información solicitada a menos que el pedido caiga en una de las nueve excepciones que protegen la privacidad personal, la seguridad nacional y a las fuerzas de seguridad.

En Australia, la norma se conoce como Right2Know; y en Canadá, la Ley de Acceso a la Información entró en vigor en 1983.

Asimismo, en Bangladesh, el Centro de Recursos sobre el Derecho a la Información ofrece lo necesario para quienes se la soliciten a las agencias gubernamentales. En Japón, el Centro Ciudadano para la Divulgación de Información ayuda a quienes busquen presentar un pedido de ese tipo. Y en India, el Derecho a la Información: Portal Ciudadano tiene ese mismo fin.

También en Kenia, una Ley de Acceso a la Información se adoptó en agosto de 2016, precisa el canadiense Centro para el Derecho y la Democracia (CLD).

Y con la aprobación de una norma similar en Sri Lanka, una de las más fuertes de los últimos tiempos, todos los países de Asia meridional, salvo Bután, tienen una ley que protege el derecho a la información.

Los países de esa región tienen normas fuertes, salvo Pakistán, según la clasificación realizada por el CLD. Además, señala que la Ley de Libertad de Prensa de Suecia, aprobada en 1766, se considera la “más vieja del mundo”.

El exsecretario general adjunto de la ONU, Samir Sanbar, quien encabezó el Departamento de Información Pública (DPI), que entrega acreditaciones a los medios y consigue oficinas para los periodistas apostados en el foro mundial, dijo a IPS que el derecho a la información es una parte integral de los principios de la organización e incluido en la Carta.

Pero el goce de ese derecho, aun en lo que se refiere a la información básica de dominio público, encontró obstáculos, tanto de parte de los estados miembro, como de la propia burocracia de la ONU, se lamentó.

La implementación de ese principio fue difícil para Sanbar, tanto por impedimentos de funcionarios públicos de los gobiernos como de autoridades de la Secretaría de la ONU.

Quienes creen que la información es poder dudaban porque entendían que estaban compartiendo su autoridad con el público, explicó, Sanbar, quien trabajó durante los mandatos de cinco secretarios generales distintos.

“Fue evidente cuando lancé el indiscutible sitio en Internet www.un.org, varios subsecretarios generales y representantes permanentes me advirtieron sobre ‘decirle a todo el mundo lo que pasaba’ (en el sistema de la ONU) y se negaron a autorizar fondos”, recordó.

“Tuve que crear un equipo de voluntarios del DPI, que funcionaba con el presupuesto existente, para avanzar y finalmente ofrecer computadoras prestadas por una fuente externa para que ciertas delegaciones se dieran cuenta de que les era más conveniente acceder a nuevos comunicados que tener que mandar a alguien de su personal al edificio para buscar el material al tercer piso”, detalló.

Al final, todo el mundo se unió y ahora todo el mundo coincide en que es uno de los 10 mejores sitios oficiales.
“Tuvimos una dificultad similar pinchando para que se declarara el Día Mundial de la Prensa en la Asamblea General”, de 193 miembros, apuntó.

“Parece que aun quienes tienen las mejores intenciones, pues los delegados representan a los gobiernos que consideran a la libertad de prensa con cautela, suelen temer destapar un asunto que podría resultar vulnerable”, observó Sanbar, autor de “Insidethe U.N. in a LeaderlessWorld” (Dentro de la ONU, en un mundo sin liderazgo).

El periodista de investigación Matthew Lee, quien trabaja en la ONU y sigue el tema desde hace más de 10 años, dijo que libra una batalla perdida.

“Cuando llegué a la ONU en 2005, noté que no había FOIA”, recordó.

“Tras varias consultas, logré que el entonces subsecretario de administración, Christopher Burnham, me dijera que se ocuparía. Pero se fue. Así que le pedí a su reemplazante, Alicia Bárcena, quien me dijo que trabajaría en ello, pero nunca lo hizo”, indicó.

La Secretaría de la ONU sigue responsabilizando a la Asamblea General de la falta de avances, pero podría adoptar su propia política, por ejemplo, revelando quién paga los viajes del secretario general.

De hecho, al ser consultado por IPS el portavoz de la ONU, FarhanHaq, respondió: “el secretario general está a favor de la idea de transparencia. Pero es un asunto de los estados miembro”.

Por su parte, BarbaraCrossette, exjefa de la oficina de The New York Times en la ONU, dijo a IPS: “Creo que tiene razón en que seamos escépticos sobre conseguir algo así a través de la Asamblea General. O incluso que el Consejo de Seguridad coopere si se le pide información”.

Mucha gente que trabajó en el DPI opina que a la Asamblea General, y en particular al Comité Asesor sobre Cuestiones Administrativas y Presupuestarias, no le gusta promover el intercambio de información, aun en el contexto actual, y asume que no hay suficientes países que respalden la idea de garantizar el derecho de acceso a la información, indicó.

“Una FOIA sería una bendición para posibles espías. Y me pregunto cómo se redactaría desde el punto de vista legal. Sería interesante saber si espacios como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional tienen esas políticas”, añadió Crossette, editora colaboradora y redactora de PassBlue, una publicación en Internet dedicada a la ONU.

El equipo del nuevo secretario general, AntónioGuterres “se supone que debe escribir una nueva política de comunicación para la ONU, y hacerla más abierta y efectiva en su alcance. Pero no sé si eso incluye a los periodistas”, acotó.

Hace poco Crossette escribió en PassBlue que el DPI está totalmente atado de manos por su mandato, según reconocen los funcionarios. Y al director o directora de la oficina, con rango de subsecretario general, no lo eligen por su capacidad en materia periodística y de medios, sino que es una designación política de alguien con poca o ninguna experiencia periodística.

La persona designada cuenta con un presupuesto ajustado, adrede para que el departamento no cuente con los recursos necesarios, añadió.

www.ipsnoticias.net/ Escrito por ThalifDeen.

Traducido por Verónica Firme/ Foto (1) Thelma Mejía/IPS

 
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