Matriz Histórica
Del Gremio De La Prensa
Jueves, 9 abril 2020


2020: el año cero de una nueva sociedad

MADRID.- La humanidad se encuentra en un punto de inflexión, exacerbado por la pandemia covid-19. Esta experiencia colectiva debe servir para provocar una reflexión global sobre nuestro futuro y conducirnos hacia una sociedad del conocimiento, manteniendo siempre una perspectiva empática sobre las necesidades de todos.

“Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Esta anónima frase, atribuida, entre otros, a Napoleón Bonaparte, nos enseña que para prepararnos para el futuro es indispensable también mirar a nuestro pasado y tener presente las lecciones aprendidas.

La actual crisis sanitaria generada por la pandemia covid-19, producida por el virus SARS-CoV-2 , no es la primera ni, desafortunadamente, será la última a la que se enfrente la humanidad.

Las enfermedades, de hecho, han sido potentes palancas de cambio histórico, al tener capacidad de cambiar una sociedad, sobre todo cuando se combinaron con otros elementos perturbadores.

Unos pocos ejemplos bastan para ilustrar estos procesos: la epidemia durante la Guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta en el siglo V antes de la era común; la peste del siglo XIV, que cambió la estructura socioeconómica de Europa; o la viruela y otras enfermedades en la expansión europea en América y otros continentes (Diamond, 2005).

Para los implicados, tanto estructuras políticas como individuos, el cambio fue dramático y dejó múltiples damnificados, pero también abrió nuevas oportunidades.

Una plaga es una tragedia humana, pero también proporciona la posibilidad de reflexionar sobre sus orígenes, sus implicaciones y la necesidad de medidas correctoras.

Más allá, incluso permite plantearse realizar cambios de mayor calado, repitiendo las perennes preguntas: ¿Quiénes somos? ¿Hacia dónde vamos?

La sociedad que viene

La humanidad se encuentra, posiblemente, en su mejor momento. Nunca tantos seres humanos fueron tan felices y saludables. Sin embargo, numerosos problemas siguen presentes y la sociedad global ya se encontraba en un profundo cambio acelerado y desigual antes de la aparición de la pandemia covid-19.

La implantación de nuevas tecnologías y los desafíos que nos plantean, como es el caso de la inteligencia artificial o la computación cuántica, la manipulación genética, o la posibilidad de crear una nueva especie no completamente orgánica, de cíborgs, junto con los problemas generados por tecnologías obsoletas, la existencia de armas nucleares, o las actuales necesidades energéticas, en donde destaca el cambio climático y sus destructivas consecuencias, ya eran suficientes desafíos para la humanidad.

El mañana ya está aquí en forma de tsunami

Ahora, una nueva pandemia pasa a primer plano y relega al resto de las dificultades a un indefinido “mañana”. Pero en muchas ocasiones olvidamos que el mañana ya está aquí, y que, aunque lo ignoremos, sus consecuencias están ya pasando sobre nosotros como un tsunami.

El confinamiento de más de un tercio de la humanidad está forzando a replantearse las relaciones sociales y la manera en la que trabajamos. Afortunadamente Internet, un bien global, ha respondido adecuadamente a las exigencias de tráfico y las redes sociales están contribuyendo al mantenimiento de los necesarios nexos sociales.

A corto plazo podríamos ver cambios significativos: la manera en la que nos saludamos, evitando el contacto directo; la universalización del teletrabajo, mostrado ahora como factible a gran escala; o el acceso a productos culturales en línea.

De hecho, conocidas pinacotecas han creado recorridos virtuales, y grandes orquestas u óperas y compañías de teatro han democratizado el acceso a algunos productos que antes, en ocasiones, solo eran accesibles para determinadas minorías.

En cuanto a las relaciones sociales, la solidaridad se ha vuelto a poner de manifiesto, específicamente los lazos intergeneracionales.

A medio y largo plazo se abren múltiples incógnitas.

Así, el teletrabajo podría cambiar el concepto de ciudad, promoviendo una mayor descentralización y evitando la necesidad de grandes redes urbanas, descongestionando el tráfico y reduciendo la contaminación.

Las relaciones internacionales deberán ser reexaminadas y la Unión Europea, por ejemplo, deberá redefinirse: ¿espacio económico o verdaderamente ciudadano?

En cualquier caso, también puede tener un impacto en nuestro modelo social y político, y en el papel de cada ciudadano. Ahora tenemos, más que nunca, la oportunidad de cuestionarnos sobre quiénes somos y qué tipo de sociedad queremos.

Las grandes preguntas y la Generación 2020/Covid

Cada sociedad es una red de interrelaciones extraordinariamente compleja. El siglo XXI se está caracterizando por una globalización prácticamente completa y por un acceso a la información casi sin restricciones, junto con la presencia de fake news y de influencers, que en muchas ocasiones se convierten en virales y sepultan las fuentes fidedignas bajo capas de trivialidades, mentiras y tergiversaciones.

Pero si se preguntase a la inmensa mayoría qué es lo que espera, su respuesta incluiría térmicos como “felicidad”, “libertad”, “bienestar”, “salud”, “seguridad”. Posiblemente la prioridad dependería del momento en el que se formulase la cuestión. El virus SARS-CoV-2 seguramente está contribuyendo a alterar ese orden. En nuestras manos está articular una respuesta adecuada.

La pandemia actual (y otras que pudieran golpearnos en el futuro) ya es una experiencia traumática para miles de millones de seres humanos. Junto con las dos guerras mundiales es posiblemente el evento que más haya marcado a una población global.

En este caso, combatimos no contra nosotros mismos, sino contra un enemigo invisible.Todos vamos a pagar un alto precio, económico pero sobre todo humano. Es por tanto una experiencia que nos une a todos.

Para la población más joven las consecuencias pueden ser aún más significativas. La actual crisis pudiera propiciar la aparición de la Generación 2020 o Generación Covid: los adolescentes y postadolescentes actuales que encuentren en este trance, junto con el cambio climático, su leivmotiv.

Eventualmente reclamarán respuestas y responsabilidades.

¿Una nueva ciudadanía, un nuevo liderazgo social?

La crisis económica de 2008 indujo la aparición de varios movimientos ciudadanos tales como el 15 M en España u Occupy Wall Street en Estados Unidos. Más recientemente han surgido o se han visto reforzados grupos populistas o extremistas en muchas partes del mundo.

La pandemia covid-19 posiblemente tendrá consecuencias análogas, tanto por su dimensión social como por la más que posible gran crisis económica.

Pero además producirá un cuestionamiento de los actuales líderes políticos en todo el mundo.

Estamos, pues, en un punto de inflexión y la balanza se puede decantar hacia cualquier lado. A nosotros nos corresponde proporcionar el empuje adecuado.

Los problemas de una sociedad moderna no se encuentran ni en la política ni en la clase política, sino en su manera de llevarla a cabo y en el número y rol de agentes que participan en ella.

La crisis del coronavirus también entrañará una pérdida de confianza, añadida a la anterior en los responsables de los distintos gobiernos. ¿Implicará por tanto un cambio de unos por otros, independientemente de su signo?

No debiera ser así. Estamos ante un cambio de paradigma social, tenemos ante nosotros la posibilidad de protagonizar una revolución pacífica, civilizada, que debiera empezar en la educación, algo que los ilustrados ya sabían en el siglo XVIII.

Una formación para la ciudadanía, no para preparar elementos de la fuerza laboral.

Un movimiento en el que los científicos e intelectuales, junto con otros líderes sociales, cobren verdadero protagonismo.

Una corriente articulada por la racionalidad, pero que no olvide las necesidades de cada uno de sus miembros, construida sobre un conocimiento verdaderamente holístico, no sobre tecnicismos de hiperespecialistas, por muy necesarios que sean.

Tenemos, pues, la oportunidad de crear un mejor mundo, un mundo racional, un mundo para las personas.

David Barrado Navascués

 
Seis recomendaciones para combatir desinformación relacionada con el coronavirus

El papel del periodismo en la lucha contra la información falsa nunca ha sido tan crítico. La pandemia de COVID-19 ha traído consigo lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) llama una 'infodemia' masiva: una explosión potencialmente mortal de desinformación a nivel global.

Personas de todo el mundo han muerto debido al consumo de desinformación relacionada con tratamientos de COVID-19 falsos o no probados. Los desinformadores comparten falsedades a través de memes virales, mensajes en cadena en aplicaciones cerradas e incluso a través de políticos mal informados que se hacen eco de esa información falsa en conferencias de prensa.

Una de las consecuencias potenciales más peligrosas de la crisis mundial de desinformación —bien arraigada antes de la pandemia de COVID-19—, es la posibilidad de que el público disminuya su confianza hacia toda la información porque le resulta cada vez más difícil distinguir entre hechos y falsedades, publicaciones legítimas y fraudes, y entre contenido hiperpartidista y periodismo crítico e independiente.

¿El resultado? El debilitamiento de la salud pública, la desestabilización de los procesos democráticos y mayores amenazas a la sostenibilidad del periodismo de calidad.

Todo el periodismo tiene un papel que desempeñar contra algunos de los efectos de la Era de la desinformación: creadores de noticias y documentalistas, trabajadores de la radio y de la prensa, periodistas especializados y periodistas de información general, medios tradicionales y nuevos medios digitales, medios interactivos y medios de investigación.

Todos somos objetivos de los agentes de la desinformación, y todos tenemos un papel que cumplir en esta lucha.

Los desinformadores se introducen en los intertsticios más vulnerables del ecosistema de la información: publicaciones pequeñas con personal poco capacitado y recursos limitados, personas con defensas informativas débiles, y audiencias de nicho e impresionables.

Es por eso que es vital que editores y periodistas sean conscientes de la creciente sofisticación de las tácticas desinformativas, que incluyen fuentes fraudulentas, falsos think tanks, cuentas falsas en redes sociales, conjuntos de datos contaminados y publicaciones apócrifas. Es esencial reforzar el papel de la verificación, el chequeo de fuentes y la alfabetización en medios digitales para todos los periodistas.

La investigación que publicamos la semana pasada para un proyecto financiado por el gobierno canadiense sobre revistas y desinformación ofrece seis recomendaciones clave que pueden ayudar a todos los profesionales de los medios a protegerse contra la desinformación y defender el buen periodismo.

1. Promover la comprensión de las causas y consecuencias de la era de la desinformación, y garantizar que el fact-checking y la capacidad de verificar hechos funcionen en un mundo digital.

El problema: la era digital requiere habilidades cada vez más sofisticadas para combatir la desinformación.

Contramedidas efectivas:

Priorizar el intercambio de conocimientos y la formación para garantizar que la capacidad para investigar y verificar de los equipos editoriales sea apta para la era digital (es decir, técnicas de verificación en redes sociales).

Desarrollar una comprensión más sofisticada de las causas e impactos de la actual crisis de desinformación en el periodismo y el derecho del público a saber, un derecho basado en los derechos humanos.

Desarrollar secciones especializadas en desinformación relevantes para tu publicación.

Llenar los huecos. Las publicaciones, especialmente las de nicho, pueden ayudar a combatir la desinformación de manera preventiva, simplemente al conocer las lagunas de información y trabajar para llenarlas con piezas poderosas y atractivas que puedan ayudar a desacreditar falsedades y promover información verificable y creíble.

Recursos que pueden ayudarte a implementar esta recomendación:

El manual de UNESCO Journalism, ‘Fake News’, and Disinformation.

Una breve guía de la historia de las 'noticias falsas' y la desinformación, publicada por el Centro Internacional para Periodistas en tres idiomas.

Centro de recursos de respuestas al COVID-19 de la UNESCO.

Los posts y herramientas de capacitación curados por First Draft News: https://firstdraftnews.org/training/

2. Lleva a tu público contigo: verdad, confianza y combate colaborativo

El problema: la combinación de hechos y ficción está socavando la confianza de las audiencias hacia toda la información, lo que permite una manipulación más fácil de la opinión pública por parte de actores maliciosos. Las publicaciones con audiencias de nicho son un objetivo particularmente deseable para los desinformadores.

Contramedidas efectivas:

Aprovecha el conocimiento especializado. Según una encuesta de la Canadian Journalism Foundation, el 83% de los encuestados estaban especialmente preocupados por la desinformación que podría comprometer su salud a través de la difusión de información errónea sobre riesgos y beneficios médicos. Esta situación ofrece oportunidades para informar sobre estos temas aprovechando el conocimiento de especialistas que pueden ayudarte a desacreditar mentiras. También brinda oportunidades a editores de salud y bienestar para ofrecer información confiable y basada en evidencia.

Moviliza a tu público y fortalece la lealtad a través de programas y eventos para miembros o suscriptores que exploren las causas y los impactos de la crisis de la desinformación.

Considera trabajar en proyectos colaborativos que aprovechen la experiencia colectiva y los recursos de otros, incluyendo audiencias con conocimiento especializado.

Recursos que pueden ayudarte a implementar esta recomendación:

Únete al Global Health Crisis Reporting Forum de ICFJ/IJNet, donde se está explicando y desacreditando desinformación relacionada con la COVID-19, y se está trabajando en conjunto para garantizar que la comunidad global tenga acceso a información confiable. Su material está en inglés y en español.

Aprende de los ejemplos de medios que luchan en la primera línea de la guerra contra la desinformación en el Sur Global, como Rappler de Filipinas, el Daily Maverick de Sudáfrica y The Quint de la India. Se pueden encontrar estudios de casos detallados en los siguientes informes del Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo (en inglés):

Lessons in Innovation: How International News organizations Combat Disinformation through Mission-Driven Journalism

What if scale breaks community? Rebooting audience engagement when journalism is under fire

3. Practica la transparencia

El problema: las líneas entre hechos, entretenimiento, publicidad, manipulación y ficción son cada vez más borrosas, lo que socava la confianza hacia el periodismo.

Contramedidas efectivas:

Revela los procesos de reporteo para que el público mire el "detrás de escena".

Traza líneas claras entre contenido publicitario, patrocinado y nativo. No te sientas tentado de difuminar las líneas para obtener ganancias en el corto plazo.

Interroga los métodos de tus anunciantes para evitar contaminar por asociación.

Recursos que pueden ayudarte a implementar esta recomendación:

Revisa este estudio de caso sobre un anuncio en la revista Teen Vogue sobre Facebook que "apestaba a contenido patrocinado". Inicialmente se publicó sin firma o descargo de responsabilidad, y fracasó espectacularmente.

4. Únete contra las fuerzas que dividen

El problema: el periodismo es competitivo, pero la unión de la industria y la colaboración profesional son fundamentales para combatir la crisis mundial de desinformación. Ir a solas contra la desinformación no funcionará. Esto se debe en parte a que los agentes de desinformación están bien organizados y son altamente colaborativos.

Contramedidas efectivas:

Mantenernos "unidos y movilizados" para la batalla, lo que el editor de L'actualité, Charles Grandmont, dice que es lo más importante para abordar el problema.

Agrupar y compartir recursos entre publicaciones para contrarrestar la desinformación (capacitación, conocimiento, herramientas de verificación forense, etc.), siempre que sea posible.

Experimenta con investigaciones colaborativas.

Considera sumar recursos legales.

Considera hacer lobby.

Comparte con colegas de la industria tu experiencia si fuiste objetivo de un ataque, y los métodos que estás utilizando para intentar defenderte. De ese modo otros podrán aprender de tus errores y tus éxitos.

Haz un esfuerzo particular para apoyar a publicaciones muy pequeñas que tienen una capacidad limitada para involucrarse con el problema pero que necesitan ser eslabones fuertes en la cadena de información creíble.

Recursos que pueden ayudarte a implementar esta recomendación:

Inspírate en iniciativas colaborativas contra la desinformación, incluida la investigación conjunta de Buzzfeed-Toronto Star sobre la debacle del Buffalo Chronicle, que identificó a Facebook como un vector o portador de desinformación.

Súmate a la International Fact Checking Network (ICFN).

Únete al Global Health Crisis Reporting Forum de ICFJ/IJNet para encontrar colaboradores. Sus materiales están en español e inglés.

Entra al Kit de herramientas para el periodismo colaborativo de IJNet.

5. No eres inmune a la violencia online. Prepárate para ser blanco de ataques

El problema: la violencia online contra los periodistas es ahora un elemento bien estudiado de las campañas de desinformación, y una herramienta utilizada para desalentar al periodismo crítico. Los agentes de desinformación han aprendido que atacar online a los periodistas puede ayudarlos en sus intentos de generar dudas, confusión y miedo. Las mujeres periodistas y las que informan sobre desinformación hoy están siendo atacadas de manera desproporcionada. La violencia puede manifestarse de varias maneras: acoso y abuso de género, amenazas de violencia sexual y física, ataques a la seguridad digital que incluyen doxxing, vigilancia y más.

Contramedidas efectivas:

Establece un plan para hacer frente a las amenazas contra staff y colaboradores, incluyendo notificar a la policía e incrementar la seguridad dentro y fuera de línea (porque estas amenazas no permanecen siempre en el mundo digital).

Busca y brinda apoyo psicológico en las semanas y meses posteriores a un ataque.

Asegúrate de que los periodistas de tu equipo, incluidos los colaboradores y freelancers, denuncien cualquier amenaza al editor.

Recuerda al staff los riesgos de publicar información personal online.

Brinda capacitación integral y recursos centrados en la seguridad digital, física y psicológica para permitir una defensa propia proactiva.

Recursos que pueden ayudarte a implementar esta recomendación:

“Combatting online abuse: when journalists and their sources are targeted” (UNESCO)

“Fighting back against prolific online harassment: Maria Ressa” (UNESCO)Julie Posett and Alice Matthews/ ijnet.org/es/

“Acoso en línea a periodistas. Cuando los trolls arremeten” (RSF)

El proyecto On the Line del International Press Institute ofrece un conjunto de recursos basados en el análisis de prácticas defensivas en redacciones europeas.

6. No te comportes como un avestruz o te arriesgues a ser un blanco de los agentes de la desinformación

El problema: creer que tu publicación es demasiado de nicho, o que tu audiencia es demasiado pequeña para ser un objetivo, o pensar que la crisis de la desinformación solo compete a procesos electorales y bots lejanos, te puede convertir en un objetivo sencillo.

Contramedidas efectivas: todas las mencionadas.

Julie Posett and Alice Matthews/ ijnet.org/es/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
El rol de la comunicación en la lucha contra el coronavirus

En uno de los seminarios web ofrecidos por el Global Health Crisis Reporting Forum de ICFJ, escuchamos al Dr. Samba Sow, uno de los seis embajadores especiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre COVID-19. Sow es director general del Centro de Desarrollo de Vacunas de Malí, reconocido internacionalmente. La charla fue moderada por Joyce Barnathan, presidenta del Centro Internacional de Periodistas.

Samba Sow, embajador especial de la OMS que ayudó a contener la propagación del Ébola en África occidental, dice que la clave para combatir el virus COVID-19 es una buena comunicación con los líderes locales, así como adaptar soluciones según los países y comunidades individuales.

"Se trata de educación, información, sensibilización", dijo Sow, quien enfatizó que los periodistas juegan un papel fundamental para garantizar que la buena información llegue a las personas adecuadas. "Soy doctor. Puedo tratar a alguien, pero no sé de comunicación. Los necesitamos a todos”.

Sobre la diferencia entre el brote de Ébola y de COVID-19:

“El coronavirus se ha expandido más; su cobertura geográfica es mayor. Comenzó en países occidentales con poblaciones mucho más ricas, mientras que el Ébola comenzó en áreas remotas rurales de difícil acceso en África. El número de casos de coronavirus con mayor rapidez".

“El Ébola mata muy rápido. Es una enfermedad mucho más grave debido al sangrado. Como médico, periodista o ser humano, una vez que ves un caso de Ébola, nunca lo olvidas... Este brote es grande, pero el Ébola fue muy poderoso, muy peligroso y muy severo".

Sobre las deficiencias en los sistemas de atención médica para tratar el COVID-19:

El COVID-19 muestra que los sistemas de atención médica, incluso en lugares como Europa, Asia y Estados Unidos, son muy, muy limitados. Los sistemas de salud en África son débiles. No hay muchos países africanos con laboratorios adecuados o personal capacitado para detectar y diagnosticar el cuadro".

Sobre el bajo número de casos de COVID-19 en África:

“Hay países donde los casos confirmados están aumentando y lugares donde no están aumentando. No sabemos qué está pasando en esos lugares. Tal vez cero casos no signifique cero casos".

Sobre por qué cerrar las fronteras para detener la propagación de la enfermedad no funcionará en África:

"Si Estados Unidos quisiera cerrar las fronteras, no entraría ni una mosca. Pero en África... Entre algunos países ni siquiera hay frontera. Hay miles de millas sobre tierra o ríos que no puedes cerrar. La gente encontrará otra forma de entrar... Hay pueblos donde la mitad de los habitantes está en un país y la otra en otro país. ¿Cómo cerrarías eso?

Sobre la necesidad vital de llegar a líderes locales en África y otras regiones que tienen prácticas tradicionales muy arraigadas

“Si traes a un profesor o un funcionario de la OMS, y un sanador tradicional lo contradice, la gente escuchará al sanador tradicional... Tienes que apuntar a individuos clave en una comunidad. Habla con ellos y explícales lo que está pasando. También intenta identificar el origen de los rumores para apuntar contra ellos".

Sobre por qué el distanciamiento social puede no funcionar en todas partes

"Cuando haces que las políticas de distanciamiento social sean muy rigurosas la gente tratará de encontrar sus propios caminos... Es difícil tener a la gente encerrada durante semanas. Será de ayuda flexibilizar las medidas y adaptarlas a las comunidades locales".

Sobre la necesidad de "preocupar" a la gente

“Si quieres ganar una situación, debes estar rápidamente dispuesto a preocupar a tu población. Una vez que empiece a preocuparse, tomará el asunto en serio. Sucedió en Europa. La gente no se lo tomaba en serio... Y en general en África la población todavía no está preocupada por el coronavirus".

Sobre lo que los periodistas necesitan para hacer coberturas seguras

“Cuando recorras una comunidad, asegúrate de seguir las pautas del país. Si un periodista quiere ir a centros de salud, estará muy expuesto. Habla con los médicos y pregúntales cómo es la situación. Esa es tu protección número uno".

"Debes tener siempre agua y jabón, lavarte las manos y reducir tu contacto directo con las personas. Y no toques todo lo que ves. Si estás hablando con una población de alto riesgo, debes tratar de cubrirte la nariz y la boca".

Sobre por qué la comunicación es tan importante para frenar el COVID-19:

“La mejor manera de detener la pandemia es hacer que nuestras comunidades confíen en nosotros y que formen parte de la lucha para detener la transmisión de la infección. Eso supone producir mucha información comunitaria, sensibilizar y comunicar. Tener plataformas como este Foro, que brinda información de calidad a personas que se especializan en comunicación, es de gran ayuda. Porque esas personas llevarán mensajes clave a nivel comunitario. Esto es lo que la OMS está tratando de hacer: sensibilizar a los líderes de los países y a líderes de comunicación para que puedan tomar medidas".

Jerri Eddings/ ijnet.org/es

 
El derecho a la vida, el primero de los derechos

La decisión de prolongar el aislamiento social hasta el 12 de abril, constituye una medida de emergencia, que tiene por finalidad proteger y defender el derecho a la vida. Es un deber, un compromiso, que corresponde asumirlo sin excepción alguna. En la medida en que cuidamos la vida propia, protegemos la de otros seres humanos. No hay lugar para el privilegio. Todos tenemos que demostrar nuestro sentido de responsabilidad para acatar lo dispuesto. En las actuales circunstancias de “guerra” virológica, que está matando a mucha gente, hay que dejar de lado el status social o económico, el credo o la ideología, el color de la piel. Nos corresponde predicar con el ejemplo. Mal, por ejemplo, el comportamiento de la señora que por tener imagen en la televisión y amistad con un mando militar, consideraba que podía circular sin salvoconducto. Mal, también, el personaje del mundo fubtbolístico que creía tener corona de intocable y se fue a cenar fuera de casa al lado de sus amistades. Pésimo, aquellos que llevados por la falta de ecuanimidad atacan físicamente a los encargados de hacer cumplir la ley. Pésimo, quienes animados por la falta de madurez cívica, tratan de burlar la vigilancia y terminan privados de la libertad y en peligro de ser llevados a los tribunales de justicia penal.

Estos no saben lo que significa proteger y defender el derecho a la vida. La pandemia del coronavirus se expande, en medio de la angustia ciudadana por Loreto, Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad. Lima, ni se diga. La regiones en donde, precisamente, no se toma en serio el clamor de poner en retroceso este mal. Pareciera que ignoran que está acabando con miles de vida en países más desarrollados en lo económico, tecnológico y científico. Nueva York y otras grandes ciudades en Estados Unidos, es una muestra de lo que podría acontecer aquí. Italia, España, Francia, Alemania sufren tal cual estarían en una contienda bélica devastadora. ¿Acaso, queremos que eso mismo ocurra en el país?

Los insensatos toman a la broma lo que se conceptúa como el derecho a la vida. A ellos, y en esto los comunicadores sociales, tenemos que repetir hasta el cansancio que la vida es un derecho fundamental. Es el primero de todos. Es universal y corresponde a la persona humana por sobre cualquier otro derecho. En palabras sencillas: es la piedra angular de todos los demás derechos. Si perdemos la vida, entonces no es posible que existan los demás derechos. ¿De qué servirían los años y hasta los siglos de lucha, por hacer más digna la vida humana, si estamos haciendo lo imposible por dejar de lado la protección y la defensa de ese derecho? Un mundo sin seres vivientes, no serviría de nada. Estaríamos negando que está vinculado al carácter del ser inteligente, racional, a la dignidad de la persona.

A quienes no toman con seriedad el aislamiento social y tampoco la emergencia nacional, no basta con jalarles las orejas. En las horas de carcelería les deben inculcar el significado de esas medidas y sus consecuencias funestas si no son respetadas. La educación tiene hoy en día las mejores experiencias. Quizás, así, podríamos avanzar cívicamente. Enseñarles que el derecho a la vida no es patrimonio de una sola persona. Le corresponde a cuantos formamos parte de la sociedad nacional y mundial. Ya lo hemos señalado: es el primero de todos los derechos, si tomamos en cuenta al titular de este como generador de cualquier otro derecho posible. Es inviolable y no admite excepción alguna. Se tutela en el ámbito privado e, igualmente, en el ámbito público, a fin de cubrir la dimensión personal.

¿Es historia reciente? ¿Es un concepto nuevo? No, qué va. Reflexiones al respecto abundan. Basta citar a Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Kant, con marcadas diferencias teóricas y prácticas, pero que coincidían en que la vida humana es un fin en sí misma y no un medio subordinado a otro fin. Pensemos en tan sabias enseñanzas y, entonces, llegaremos a la conclusión que vale la pena vivir, si respetamos la vida ajena. No podemos ser agentes de transmisión del mal, ni tampoco pasibles de recibir el contagio. Por eso, tiene sentido la emergencia nacional y el aislamiento social.

Roberto Mejía Alarcón

 
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Créditos: Eylen Jalilíe